Esa vez que regresó mi ex del pasado
La noche caía lenta sobre la Ciudad de México, con ese aire tibio que se cuela por las ventanas abiertas y huele a asfalto mojado y deseo. En un departamento pequeño de…
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Sexo oral.
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La noche caía lenta sobre la Ciudad de México, con ese aire tibio que se cuela por las ventanas abiertas y huele a asfalto mojado y deseo. En un departamento pequeño de…
Nunca imaginé que volver a verte me iba a sacudir así, tan fuerte, tan adentro. Habían pasado veinte años, Laura. Veinte malditos años de cartas sin contestar, fotos…
El calor de la tarde en Medellín se le pegaba a la gente como una segunda piel. En el bus que bajaba de Laureles hacia el centro, con el aire acondicionado más fingido…
La primera vez que la vi, pensé que era un ángel disfrazado de profesional. Llevaba un suéter negro de cuello alto, ajustado, que no ocultaba el leve relieve de sus…
La casa en el sur de Medellín era de esas de dos pisos, con rejas forjadas y un jardín al frente donde el musgo se colaba entre las baldosas. Camilo llegó el viernes en…
El aire del mediodía pesaba espeso sobre el edificio de ladrillo visto, con sus balcones estrechos y las rejas oxidadas que sostenían macetas medio muertas. El sol…
No fue plan, ni siquiera lo pensé dos veces. Solo pasó. Y cuando digo que pasó, no me refiero a un beso robado entre estiramientos ni a una caricia disimulada bajo la…
Yo nunca pensé que terminaría follando con mi prima, pero ahí estaba yo, de rodillas en la cama de su cuarto, con el corazón a punto de reventarme el pecho, viendo cómo…
No me esperabas. Yo tampoco. Pero cuando te vi parada en la puerta del bar, con esa falda corta que nunca usás en público y los tacones que me matan, supe que no iba a…
Yo soy de esos hombres que nacieron con el barro del río entre las uñas, con el olor del monte mojado en la piel y el silbido del guacharaco en los oídos. Crecí en las…
El aire del estudio olía a eucalipto y sudor suave, ese aroma denso de cuerpos maduros en movimiento, piel que ya no es tersa pero que aún arde. Raúl, de cincuenta y…
La luz del pasillo era tenue, apenas un hilo ambarino que se escapaba por debajo de la puerta del cuarto de servicio. Diego no había encendido las lámparas principales,…
La casa respiraba en silencio, envuelta en esa quietud pesada que solo tienen las madrugadas de verano. Las persianas estaban entreabiertas, y la luz amarillenta de la…
La noche en Medellín se le había quedao encima como un velo mojao, espeso y dulce, cuando Sebastián dobló por la callejuela de piedra que llevaba a la casa de Juana. El…
La habitación olía a sal y a sudor seco, a sexo antiguo y piel recién frotada. Las cortinas estaban cerradas, pero entre las rendijas se colaba una luz amarillenta de…
Yo nunca pensé que algo así me pasaría a mí, la verdad. Siempre he sido más bien de amores tranquilos, de miradas largas y caricias a escondidas, no de esas cosas…
Yo nunca imaginé que una simple visita al taller de doña Lety fuera a encenderme así. Ella era viuda desde hacía dos años, delgada, de busto generoso y cintura fina que…
Nunca pensé que un día cualquiera, un jueves cualquiera de esos en que el calor de la Ciudad de México se te pega a la piel como sudor de desconocido, iba a terminar con…
La casa de al lado llevaba dos semanas vacía hasta que llegó ella con sus cajas, sudada y con el pelo pegado a la frente por el calor de la capital. Marco, de treinta y…
Hace tres noches que no duermo como debería. No desde que ella llegó. No desde que Natalia, con su mirada de humo y labios que parecen hechos para tragar más que…
La boca de Diego no perdonaba. Besaba como si quisiera tragársela entera, con una mezcla de hambre y devoción que a Valeria le encendía cada fibra del cuerpo. Sentía el…
Ella se llamaba Valentina, y cuando entró al taller de cerámica ese jueves por la tarde, el aire cambió de densidad. Llevaba una blusa holgada de algodón color crema,…
En la penumbra espesa del cuarto, donde el aire olía a salvia quemada y a sudor de mujer reciente, la luz del farolillo de papel apenas dibujaba contornos. No era…
Nunca imaginé que el primer sonido que rompería el silencio sería un gemido mío. Estaba arrodillado frente a él, con la luz tenue del amanecer colándose por las cortinas…
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