El sábado me cogieron entre tres en la playa de Santa Marta
La brisa del Caribe traía sal y sudor cuando llegué a la fogata, con la camiseta mojada y el cuerpo aún temblando del mar. No sabía que era una trampa. Ni siquiera sabía…
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Sexo anal.
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La brisa del Caribe traía sal y sudor cuando llegué a la fogata, con la camiseta mojada y el cuerpo aún temblando del mar. No sabía que era una trampa. Ni siquiera sabía…
Nunca imaginé que aquella reunión de amigos en el condominio de Mateo terminaría con mis manos temblando mientras me preparaba para lo que venía. Era viernes, y el calor…
La pileta estaba vacía desde las ocho, cuando el último cliente se fue con su cerveza tibia y su risa afónica. El termómetro del solárium marcaba treinta y dos grados,…
El bar estaba humeante, lleno de sudor, cigarros baratos y la música de fondo un trap que no dejaba pensar. Joaquín se apretaba contra la barra, la camiseta pegada a la…
Yo ya había visto pocos tipos con esa mirada de pescador que te traga entero, pero cuando lo vi salir del barco de pesca con el pecho cubierto de sal y gotas de sudor…
Yo nunca pensaba que algo así me pasaría, pero la verdad es que cuando te encuentras con el destino en un lugar como Ciudad Juárez, a las dos de la madrugada, con el…
A las nueve y pico de la noche, cuando el calor ya había bajado un poco y el aire en el pasillo del edificio olía a jabón de coco y humedad de estuco, Camila escuchó el…
La primera vez que vi a Lucía con los ojos de otro hombre, sentí un cosquilleo en la nuca —no de celos, sino de algo más vivo, más húmedo—. Éramos cinco años casados,…
Vos tenés que saber que todo empezó con una mirada larga, casi una desviación de ojos entre el vino y el silencio. Yo, con mi falda ajustada y las uñas pintadas de un…
No sabía que era posible sentirse tan vivo, tan expuesto, hasta que Lucas me lo dijo por primera vez: «¿Quieres probarlo?». No era una pregunta cualquiera. Había en ella…
Ayer, mientras lavaba los platos, sentí el calor del cuerpo de Mariana pegado a mi espalda, la respiración tibia en el cuello, y su mano izquierda deslizándose por mi…
El sol se hundía ya tras las colinas de Oaxaca, pintando el cielo de naranjas y morados cuando Elena bajó del coche, con las manos en las caderas y el pelo recogido en…
La primera vez que le dije a Camilo: “Déjame intentarlo por atrás”, sentí el mismo nudo en el estómago que cuando me monté por primera vez en la montaña rusa del Parque…
La puerta del baño estaba cerrada, y desde afuera escuchaba su respiración entrecortada, pesada, como si estuviera conteniendo el aliento o intentando no gemir. Yo…
La primera vez que la vi desnuda fue por accidente: abrió la puerta del baño sin saber que yo estaba en el pasillo, still vestida solo con un tanga de encaje negro y una…
Lucía vivía en el quinto, piso 5, justo encima de donde estaba yo en el cuarto. Solía verla cuando salía al ascensor, con sus blusas ajustadas, el culo redondo marcado…
La cerveza estaba fría, pero el calor de sus cuerpos ya había subido el termómetro del patio. Camilo, con el pecho desnudo y las piernas abiertas sobre la manta de…
Apenas entré al apartamento, el olor a sudor y lubricante me golpeó en la cara como un puño. Ella ya estaba en camiseta y calcetines, el pelo suelto, los labios pintados…
La luz del atardecer se colaba por las rendijas de las persianas de su departamento, teñida de ámbar suave. Elena apoyó la copa de vino tinto sobre la mesa de madera,…
En esa casa de la esquina, donde las persianas siempre cerradas y el olor a incienso le daban aire de templo prohibido, vivía Martina. Treinta y pico, pelo negro como…
La luna alta se colaba por la rendija del toldo del barco, dibujando una cinta plateada sobre el tablón desgastado del puente. El motor del *Mar Azul* zumbaba sordo en…
La casa de Lucía estaba llena de risas, música a volumen moderado y el olor a asado que se colaba por las ventanas abiertas. Fernanda se recostó contra la barra de la…
Ella bajó de la camioneta con los muslos aún sudados por el sol de la tarde, el aire pegajoso del junio platense pegándosele a la piel. Lucía tenía veintiséis, el pelo…
Yo nunca pensé que iba a terminar así. Me había pasado tres años trabajando en esa empresa sin que nadie sospechara que, detrás de mi corbata impecable y mi sonrisa…
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