Cuando le mame el pito a mi novio trans
Yo, Fernanda, siempre he sido de las que creen que el amor no tiene género, pero sí tiene cuerpo —y ese cuerpo, a veces, es más complicado de descifrar de lo que uno…
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Relatos heterosexuales en general.
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Yo, Fernanda, siempre he sido de las que creen que el amor no tiene género, pero sí tiene cuerpo —y ese cuerpo, a veces, es más complicado de descifrar de lo que uno…
La luz del atardecer mexicano se colaba por la ventana del pasillo del departamento 3A del edificio “Las Acacias”, tibia y amarillenta, como miel derramada sobre madera…
La puerta del loft se abrió con un clic seco, y Valeria entró con los tacones altos clavados en el piso de madera. Llevaba un vestido negro ceñido hasta la cadera que…
La lluvia golpeaba con fuerza los cristales del departamento 3B, como si el cielo también sintiera el calor que se estaba armando adentro. Daniel, de 34 años, alto,…
La primera vez que la vi con ese vestido blanco, sin saber aún quién era de verdad, me dolió el pene. No por deseo —aún no— sino por la tensión de creer que estaba a…
En el barrio La Candelaria, donde los balcones de madera se balancean con el viento suave de la tarde y el olor a arepas recién hechas se mezcla con el perfume de los…
Yo tenía veintitrés años, con la piel tersa, las nalgas firmes y el cuerpo que aún no había aprendido a rendirse. Él tenía cincuenta y uno, con la barba bien recortada,…
Vos sabés cómo es: después de las ocho, cuando el gym se vacía, quedás vos, el eco de las pesas cayendo, el olor a sudor y desinfectante, y esa chica que siempre aparece…
La lluvia golpeaba con fuerza contra las ventanas del viejo hotel colonial de San José, donde las gotas se deslizaban como dedos curiosos sobre el cristal empañado.…
La primera vez que vi a Mateo, estaba sentado en el banco de madera de la terraza del bar El Rincón, con los brazos apoyados en las rodillas y una cerveza medio vacía en…
La lluvia golpeaba con fuerza contra los vidrios del departamento de Lucía, ese edificio viejo de Once que olía a humedad y café recién hecho. Era viernes, casi…
En las noches de Bogotá, cuando el aire frío del altiplano se mezcla con el calor de los cuerpos apretados, el Club Las Delicias se llena de vida. No es un sitio de esos…
Yo soy Renata, tengo 49 años, y hoy voy a contárselo tal cual, sin vergüenza ni disimulos. No es que me arrepienta, ni que haya hecho algo malo. Es solo que, a veces, la…
Yo no buscaba nada. Solo vivía en el depto 2B del edificio de la Avenida Revolución, tercera planta, con vista al callejón estrecho donde se secaban ropa y se oía el…
La primera vez que notó el calor en sus ojos fue un jueves de mayo, cuando él pasó frente a su ventana con una bolsa de plástico llena de verduras y una camiseta mojada…
La primera vez que Valentina me confesó lo del sábado, me rió en la cara: «¿Viste cómo se te pone la cara cuando digo ‘garchar’?». Y sí, me puse rojo como un tomate,…
La fiesta de cumpleaños de Daniel era un caos de risas estridentes, música reggaetón a todo volumen y cervezas que se escurrían por los bordes de los vasos. Camila, su…
La primera vez que la vi en el lobby del hotel Alvear, con ese traje de viaje gris oscuro y los tacones altos que le marcaban la cadera como una promesa, pensó que era…
Yo nunca planeé que aquello pasara. No era de los que buscan el caos ni de los que se dejan llevar sin control, pero había algo en la mirada de Lucía esa noche que me…
Me acuerdo exactamente dónde estaba sentado cuando me llamó Lucía. Eran las tres de la tarde, un miércoles caluroso de enero, y yo estaba en el sofá de su casa —sí, la…
Me costó reconocerla al principio, porque la conocía solo de oídas: “Ah, la nueva, la que se mudó hace dos semanas con ese perro enorme que ladra como si le estuvieran…
La primera vez que me hizo kneel frente a mi jefe fue un viernes a las 18:47, justo cuando el ascensor de la torre financiera dejó de temblar entre los pisos 22 y 23, y…
Yo ya la había visto antes, claro que sí. Cada tarde, a las seis en punto, salía del edificio de oficinas con su blazer gris bien planchado, el cabello recogido en un…
Yo no creí que llegaría a hacerlo. No por vergüenza, no por moralidad, sino por miedo: miedo a romper la familia, a que mi hermano lo supiera, a que la mirara de otra…
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