La Nana y el Niño — Parte 1
Adriana Vargas, más conocida como Adriana_v en las redes donde subía sus fotos de ropa interior ajustada y videos coquetos con filtro de gatito, tenía treinta y dos…
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Adriana Vargas, más conocida como Adriana_v en las redes donde subía sus fotos de ropa interior ajustada y videos coquetos con filtro de gatito, tenía treinta y dos…
La mañana se levantó espesa, con ese calor pegajoso que en Medellín no perdona ni a las siete de la mañana. En el pasillo del edificio, el eco de pasos descalzos y cajas…
Vivo en Belgrano, pero trabajo en Retiro. Cada mañana, el subte B me lleva en silencio, con headphones en las orejas y el café humeando en la mano, hasta que el jueves…
La primera vez que lo vi en la terraza del edificio, estaba pintando algo en su cuaderno. Yo estaba en la mía, tomando café frío y sintiendo el sol quemarme los hombros.…
Sí, lo voy a contar. No por gloria, ni por vanidad, sino porque si no lo suelto en palabras, me asfixio. Porque esa noche, cuando me metió la lengua hasta la base de la…
Sí, vos sabés que soy de las que no se deja llevar fácil. Que siempre piso firme, que tengo mis límites bien marcados, que me encanta jugar con el fuego pero sin…
Sí, capaz suena raro escrito así, pero fue exactamente eso lo que pasó. Me comí a mi jefe. Y no en sentido figurado, carajo. Lo cogí con los dientes, con las uñas, con…
El ascensor se detuvo entre el piso 12 y el 13 con un chasquido seco, como un hueso quebrándose. Las luces parpadearon una vez, dos, y se mantuvieron tenues, apenas…
Yo no era de las que andan buscando líos. Soy casada, con dos hijos pequeños, y mi vida transcurre entre las tareas de la casa y el trabajo en la peluquería de mi…
La casa de la señora Lupita, en la esquina de Insurgentes y Viena, siempre olía a comida fuerte y jabón de barra. Pero esa noche, entre los aromas de mole y chile…
La luz del atardecer se colaba por los ventanales de cristal esmerilado del *Hacienda Las Moras*, bañando en dorado suave el suelo de cantera. Doña Valeria —cuarenta y…
Cada mañana, antes de que el sol se asome del todo por las copas de los árboles del jardín, yo ya estoy sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y una taza humeante…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del segundo piso de *La Esquina*, un café acogedor en el corazón de Medellín, donde el aroma del grano tostado se…
El aire del ascensor estaba cargado, no por el calor de junio en Medellín —que ya pegaba fuerte en la calle—, sino por la tensión que se armó cuando Valentina subió con…
La noche se arrastraba lenta sobre la ciudad, con ese calor húmedo que en Medellín no perdonaba ni en junio. En el barrio La Candelaria, donde las calles estrechas se…
Nunca pensé que una simple tarde de lluvia cambiaría mi vida. Yo, Mateo, de 29 años, soltero, tímido hasta la médula y con la costumbre de esconderme tras los libros…
La primera vez que la vi, estaba arreglando un reloj de bolsillo. No uno cualquiera. Era un Longines de 1923, con esfera de porcelana y números en dorado desgastado por…
La luz de la luna colaba por la ventana entreabierta de la biblioteca, dibujando una cinta plateada sobre el suelo de madera antigua. Afuera, el viento susurraba entre…
Sí, la vecina del cuarto piso. La que siempre sale con ese short ceñido que le marca las nalgas como si fueran dos melones recién cortados, y esos topitos de encaje que…
La puerta del elevador se cerró con un suspiro metálico y el leve zumbido de los cables. Santiago ajustó la corbata, cansado de tanto tráfico en el centro, con la camisa…
La primera vez que la vi, estaba empapada hasta los huesos y yo con un paraguas roto que no me servía de nada. Eran casi las ocho de la noche, llovía a cántaros en la…
La primera vez que vio a Lucía después de diez años, Diego pensó que el destino se estaba riendo de él. No por mala suerte, no —porque esa sonrisa que ella le tiró desde…
La primera vez que la vi, estaba sentada en el bar de la esquina de Insurgentes y Tacuba, con esa luz amarillenta de neón que le daba al whisky que tomaba un brillo de…
Vivía con la culpa como un segundo latido. No era una culpa de esas que se sienten después de una traición descarada —no, la mía era más sutil, más sorda, más mía: la de…
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