Bajo la Sombra del Agave — Parte 2
La lengua de Sombra dibujaba círculos húmedos alrededor del clítoris de Alma, suave como el viento que acaricia el maizal al amanecer. Ella se arqueaba en la cama, los…
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Ver las 29 categorías →Sin rodeos. El deseo no pide permiso, y mis relatos tampoco. Aquí las cosas pasan rápido, fuerte y como tienen que pasar.
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La lengua de Sombra dibujaba círculos húmedos alrededor del clítoris de Alma, suave como el viento que acaricia el maizal al amanecer. Ella se arqueaba en la cama, los…
El edificio respiraba distinto desde que se mudó el tipo del 4B. Antes era silencio de viejo solitario, zapatillas desgastadas sobre el piso de madera, el timbre del…
El aire en la casa flotaba espeso, como si la humedad no viniera del río cercano, sino de los cuerpos que se movían dentro de ella. No había música, solo el crujido…
No fue planificado, nunca lo es. Ella llegó con el cabello mojado por la lluvia, el abrigo pesado colgando de un brazo, y esa mirada que no pide permiso, que simplemente…
El apartamento olía a vino tinto y piel recién duchada. Desde la terraza, la ciudad parpadeaba como si respirara con ellos, lenta, expectante. Lucía había puesto música…
La bodega del edificio quedaba al fondo del sótano, detrás de dos puertas metálicas que chirriaban como almas en pena cada vez que alguien las abría. Era un cuarto…
Hoy llovió menos. Solo una garúa fina que dejó el aire espeso, como si la ciudad misma estuviera sudando. Y yo, con el corazón en la garganta, salí a caminar. No tenía…
El aire de la ciudad entraba tibio por la ventana abierta, cargado de humedad y el zumbido lejano de motos que cortaban la noche. En el quinto piso de un edificio de…
El calor de la tarde en Medellín se le pegaba a la gente como una segunda piel. En el bus que bajaba de Laureles hacia el centro, con el aire acondicionado más fingido…
El sol de la tarde aún caía oblicuo sobre las calles de la ciudad, tiñendo los muros de un tono cobrizo, como si la piedra misma respirara calor. En el segundo piso de…
No fue plan, ni siquiera lo pensé dos veces. Solo pasó. Y cuando digo que pasó, no me refiero a un beso robado entre estiramientos ni a una caricia disimulada bajo la…
El edificio de la calle Zaragoza era viejo, de esos con rejas forjadas y ascensor que crujía como si estuviera a punto de colapsar. Pero tenía encanto, y sobre todo,…
En la esquina del edificio de enfrente, una ventana sin cortinas. Siempre encendida a las diez y media. Marco la había notado desde hacía semanas, pero esa noche fue…
No creía que fuera a terminar así cuando entré a su consultorio. Solo quería hablar, desahogarme de ese vacío que me crecía en el pecho desde hacía meses. Ella me…
Yo nunca pensé que terminaría follando con mi prima, pero ahí estaba yo, de rodillas en la cama de su cuarto, con el corazón a punto de reventarme el pecho, viendo cómo…
La luz del pasillo era tenue, apenas un hilo ambarino que se escapaba por debajo de la puerta del cuarto de servicio. Diego no había encendido las lámparas principales,…
La luz del sol ya se había escurrido por las ventanas del edificio El Roble cuando Marco, sentado en su apartamento del cuarto piso, notó el movimiento en el quinto.…
El aire de Medellín se colaba por entre las rejas de la ventana, tibio y espeso como un beso demorado. A esa hora, las luces de la ciudad ya se prendían una a una, como…
El viernes en Medellín caía lento, con ese calor pegajoso que se le mete a uno por la camisa y no lo suelta hasta la noche. En un quinto piso de Laureles, sin ascensor y…
La casa de al lado llevaba dos semanas vacía hasta que llegó ella con sus cajas, sudada y con el pelo pegado a la frente por el calor de la capital. Marco, de treinta y…
La primera vez que la vi fue un martes de lluvia, cuando bajé al basurero con una bolsa de plástico negra y los hombros mojados. Subía por el pasillo con una playera…
Bajo la cama, entre polvo y olvidos, había una caja de zapatos con el forro desgastado. No era especial, solo cartón marrón con una cinta de tela deshilachada. Pero…
La primera vez que vi unas botas de cuero negro hasta la rodilla, supe que no podría morir sin sentir un pie dentro de mi boca. No fue un pensamiento romántico, ni…
Yo nunca me había fijado bien en Alma, la nana que cuidaba a mi hija mientras yo trabajaba. Era una mujer menuda, de piel canela, pelo negro y lacio hasta los hombros,…
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