El tren que no debió detenerse
El tren de las 18:47 no debió detenerse en San Mateo. Lo sabía el maquinista con la certeza de quien ha visto demasiadas tormentas en el golfo, y lo sabía ella con la…
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Ver las 29 categorías →De puerto en puerto, de cama en cama. Mis relatos saben a sal, a noches ajenas y a encuentros que duran lo que tienen que durar.
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El tren de las 18:47 no debió detenerse en San Mateo. Lo sabía el maquinista con la certeza de quien ha visto demasiadas tormentas en el golfo, y lo sabía ella con la…
La tarde en Cartagena se derramaba como miel espesa sobre los techos de teja roja y los muros calurosos del Casco Antiguo. El sol, ya medio escondido tras la silueta del…
Yo lo vi por primera vez cuando el barco atracó en el puerto de Veracruz. Ella estaba de pie en el muelle, entre los cargadores y los pescadores que ya empezaban a…
El sol se hundía en el horizonte como una moneda de cobre ardiendo, y el puerto de Cartagena exhala el olor a sal, a pescado fresco y a madera vieja que no se seca del…
La brisa del mar traía sal y humedad, pero también el olor del verano en Cartagena: flores de canella quemadas por el sol, café recién molido y la promesa de algo que…
La luz del atardecer se derramaba sobre el muelle dePuerto Ayora, dorando las olas pequeñas y calentando las tablas de madera hueso del viejo *Velero del Sol*. Daniel,…
La brisa del Golfo traía sal, humedad y el aroma agrio del pescado que aún no había salido del barco. Era casi medianoche, y el muelle de Salina Cruz, en Oaxaca, parecía…
Llegué a Punta del Este con el viento salado pegado a la piel y un billete de ida sin fecha de vuelo. Había dejado atrás Montevideo comoquiera se deja atrás una herida…
Yo nunca busqué el dolor. Lo evitaba como quien evita un trueno en pleno verano. Pero ella, esa mujer que apareció como una brisa entre los muelles de Cartagena, me lo…
Yo ya tenía el traje puesto: camisa abierta hasta el ombligo, pantalón corto de lino, sandalias de cuero. El sol de Cartagena me golpeaba en la nuca mientras caminaba…
La lluvia golpeaba las ventanas del Hotel Mar del Norte como si el océano entero quisiera entrar. En el vestíbulo, el olor a humedad, tabaco barato y perfume caro se…
El tren que parte a las once de la noche de Córdoba hacia Buenos Aires llevaba poco más de media hora cuando él, Agustín —veinticuatro años, pellejo de estudiante de…
Yo nunca creí que el mar me iba a devolver algo más que sal en la piel y cicatrices en el alma. Pero ese día, cuando el *Isla de los Pinos* atracó en Veracruz, y vi a mi…
La lluvia del Caribe no caía, se arrojaba. Un aguacero blanco y caliente golpeaba el muelle de Cartagena como si quisiera lavar la sal y el olor a pescado podrido de la…
La primera vez que la vi, estaba sentada en la baranda del muelle viejo, con los pies descalzos colgando al vacío, mirando cómo el sol se le caía encima como miel…
La primera vez que la vi, me estaba arreglando el nudo de la manga de la camisa mientras el sol del atardecer se derramaba sobre el muelle de Salina Cruz, pintándolo…
En el muelle viejo de Buenaventura, donde el sol se metía en el agua como un pito caliente al final del día, llegó Diego con su mochila de tela y el sudor pegado al…
El sol se hundía tras la silueta de las montañas de Cartagena, pintando el cielo de naranjas y lavandas que parecían tejerse en el velero *La Sirena*, anclado ya desde…
La brisa del Caribe entraba por las rendijas del barco de madera, cargada de sal, de humo de tabaco y de promesas que nadie había cumplido. Estaba anclado frente a Playa…
El sol se hundía tras el Malecón, tiñendo el cielo de naranja y púrpura, como si el mismo Dios hubiera echado un poco de añil y azafrán a la mezcla. El aire olía a sal,…
El sol ya se había metido detrás de los cerros de San Lázaro, pero el calor no bajaba: seguía pegado al cuerpo, húmedo, como una manta mojada. Mateo bajó del avión con…
Nunca olvidaré el olor del mar en aquella noche de junio, cuando la luna llena se hundía en el horizonte como una moneda dorada derretida, y el aire vibraba con el calor…
Lázaro se despertó con el calor del mediodía pegado a la piel, como una manta húmeda. El aire en el cuarto pequeño, al fondo de la pensión de Belgrano, olía a polvo…
Yo había llegado a Oaxaca tres días antes, con la mochila llena de apuntes y una cámara vieja que apenas funcionaba. El propósito era simple: documentar las tradiciones…
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