El sábado me cogieron entre tres en la playa de Santa Marta
La brisa del Caribe traía sal y sudor cuando llegué a la fogata, con la camiseta mojada y el cuerpo aún temblando del mar. No sabía que era una trampa. Ni siquiera sabía…
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Ver las 29 categorías →De puerto en puerto, de cama en cama. Mis relatos saben a sal, a noches ajenas y a encuentros que duran lo que tienen que durar.
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La brisa del Caribe traía sal y sudor cuando llegué a la fogata, con la camiseta mojada y el cuerpo aún temblando del mar. No sabía que era una trampa. Ni siquiera sabía…
La luz del atardecer se derramaba sobre la terraza del *La Esquina*, un bar humilde pero con alma, en la colonia Roma Norte. Las mesas de madera, los farolitos de papel…
El sol se hundía en el mar como una moneda dorada derretida, y el aire olía a sal, a fruta madura y a humedad que se arrastraba por las calles empedradas de Mahahual.…
Yo ya había visto pocos tipos con esa mirada de pescador que te traga entero, pero cuando lo vi salir del barco de pesca con el pecho cubierto de sal y gotas de sudor…
Yo nunca pensaba que algo así me pasaría, pero la verdad es que cuando te encuentras con el destino en un lugar como Ciudad Juárez, a las dos de la madrugada, con el…
La brisa del mar, salada y tibia, entraba por la ventana entreabierta del departamento en Copiapó, donde las paredes tenían el color de la arena quemada y los muebles,…
La primera vez que la vi, estaba subiendo una lata de refresco vacía a la rueda gigante del feriado de San Juan, en Guadalajara. Ella —una mujer alta, morena, con el…
El sol se hundía ya tras las colinas de Oaxaca, pintando el cielo de naranjas y morados cuando Elena bajó del coche, con las manos en las caderas y el pelo recogido en…
El vapor *María Elena* balanceaba su casco con la lentitud de quien ha recorrido más mares de los que planeó. Llegó a Guatapé por la madrugada, atracando en un muelle de…
Llegué a Oaxaca de madrugada, con el alma aún llena de sal del Pacífico y los pies cansados de caminar por muelles de madera podrida. Había dejado atrás a Camila en…
Yo nunca busqué aventuras en los puertos. Soy técnico en navegación, de esos que prefieren los manuales a las historias de marinero, pero el destino y una copa de ron…
Yo lo vi cuando bajaba del colectivo, parado junto al farol que apenas iluminaba la esquina de Rivadavia y la calle sin nombre que nadie más usaba. Ella tenía el pelo…
Yo tenía veinticuatro años y ya estaba harto de las playas turísticas, de los bares con música chill y las chicas que parecían sacadas de un catálogo de verano: sonrisa…
El sol de Cancún se clavaba como una navaja entre los ojos de Óscar cuando bajó del colectivo, con su mochila de viajero gastada y una botella de Coca-Cola medio vacía…
La luna alta se colaba por la rendija del toldo del barco, dibujando una cinta plateada sobre el tablón desgastado del puente. El motor del *Mar Azul* zumbaba sordo en…
Llamé a la puerta del habitación 1207 con el corazón en la garganta. La madera era pesada, dorada en los bordes, y el olor a cloro y sal me pegado a la piel desde que…
La primera vez que me la comí en la playa de San Andrés fue por puro error, o eso creí yo entonces. En realidad, fue la noche más larga de mi vida, y la más corta…
La brisa del Pacífico entraba por la ventana abierta del barco pesquero *El Albatroz*, trayendo consigo el olor a sal, a algas y a motor diesel humeante. Estaba a punto…
No sabía que iba a pasar. No lo planeé. Ni siquiera lo soñé. Solo estaba borracho, cansado y perdido en el calor húmedo de Cartagena, con el viento del mar pegándome la…
La luna llena bañaba la bahía de las estrellas como si fuera un espejo de plata líquida. En la península de Santa Marta, donde el mar Caribe besaba la montaña con una…
La brisa del Caribe entraba por la ventana entreabierta del bus, traiendo consigo el olor a sal, a fruta madura y a tierra mojada del atardecer. El motor tosía su último…
El sol ya se deslizaba por el horizonte cuando crucé la puerta del *Café del Faro*, un local pequeño, de madera oscura y ventanas empañadas por el salitre. Había llegado…
La lluvia golpeaba las ventanas del hotel como si quisiera entrar, pero no lo hacía. Dentro, el aire era cálido, cargado del olor a madera pulida, jabón de lavanda y el…
Yo tenía veinticuatro años cuando la vi sentada en la mesa de la esquina del pequeño café, entre las sombras del ventanal que daba a la calle tranquila de la colonia…
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