El café y el fuego lento
En el barrio de La Candelaria, donde los muros de piedra antigua guardan los ecos de siglos y los balcones colgantes se inclinan como si compartieran secretos, el sol de…
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Mujeres maduras.
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En el barrio de La Candelaria, donde los muros de piedra antigua guardan los ecos de siglos y los balcones colgantes se inclinan como si compartieran secretos, el sol de…
El tren que parte a las once de la noche de Córdoba hacia Buenos Aires llevaba poco más de media hora cuando él, Agustín —veinticuatro años, pellejo de estudiante de…
La primera vez que la vi, me di cuenta de que estaba perdido. No en el sentido de no saber a dónde ir —aunque sí, también—, sino de que el aire alrededor de ella…
Yo, Marco —veinticuatro, musculatura recién forjada por años de gimnasio y la costumbre de caminar descalzo en verano, con el pelo negro y desordenado que a ella le…
Yo, Daniel, 24 años, con la verga aún fresca de aprender a coger bien y con el cuerpo que pide más de lo que el cerebro admite, nunca imaginé que una noche de fiesta en…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del café *El Rincón del Olvido*, un lugar diminuto en el corazón de Medellín, con mesas de madera oscura, olores a…
Yo tenía veinticuatro años y ella, cincuenta y dos. Sí, ella me enseñaba piano desde hacía tres años, y nunca imaginé que aquellas clases —siempre en su casa, con el…
Yo tenía veinticuatro años y ella, cuarenta y nueve. La primera vez que la vi en persona —no en fotos que había visto por error en su computadora abierta en la sala…
La música latía como un pulso profundo desde el jardín de la casa blanca, entre palmeras y luces de neón que se colaban por las ventanas de cristal empañado. A las 11:47…
La lluvia golpeaba con fuerza contra las ventanas del Hotel Alameda, un edificio antiguo pero bien mantenido en el centro histórico de la Ciudad de México. La habitación…
Vos sabés, cuando una mujer de cuarenta y nueve años se mira al espejo y ya no busca perfección, sino presencia… entonces llegás vos. Veinticuatro años, piel dorada de…
Yo tenía veinticuatro años, con verga fresca, testículos tiesos de tanto andar con camiseta pegada y sudor en las axilas, y la mente llena de tetas pequeñas y rubias que…
La lluvia golpeaba suave contra las ventanas del café, un ritmo monótono que no interrumpía el murmullo de las conversaciones ni el crujir de las sillas. Era casi…
Recuerdo con claridad el primer jueves que la vi en la biblioteca municipal: junio de 2023, una tarde de calor húmedo que se pegaba al cuello como un pañuelo empapado.…
La puerta del apartamento 3B se abrió con un suave crujido de bisagras envejecidas, y el aire cargado de incienso y humo de vela envolvió a Mateo en cuanto cruzó el…
Yo tenía veinticuatro años, y ella, cuarenta y nueve. Eso lo supe el día que leí el nombre en el buzón: *Catalina R.* —dos letras mayúsculas, tipeadas a máquina, como si…
Me llamé a mí misma una mentira. Cuando el门 se cerró tras él y sentí el eco de sus pasos en el pasillo, no me di cuenta de que ya no era una mentira: era una mujer que…
La luz del atardecer se derramaba por la ventana del estudio, tibia y dorada, como miel espesa vertida sobre los muebles antiguos. Elena sentía el peso de la jornada en…
Yo tenía veinticuatro años, y ella, cuarenta y nueve. Eso lo supe el día que me dio su contraseña del Wi-Fi —no porque yo la pidiera, sino porque ella me la ofreció con…
La luz del atardecer entraba por las ventanas del loft de Elena, teñida de ámbar y dorado, como si el sol hubiera decidido quedarse un rato más. Ella estaba sentada en…
La primera vez que la vi sentada en el sofá de su casa, con las piernas cruzadas y una taza de té humeante entre las manos, supe que no volvería a ser el mismo. Tenía…
Yo, Mateo, tenía veinticuatro años, y esa noche me sentía más chico que nunca: con una camiseta un poco ajustada, los pelos de los brazos erizados por el frío del aire…
La primera vez que la vio, Clara estaba sirviéndose un café en la cafetería del edificio donde vivía, a la vuelta del supermercado. Él, con sus veinticuatro años y el…
Sí, lo voy a contar. No es que me arrepienta —al contrario—, pero sí me cuesta mirarme al espejo sin sentir ese calor en las mejillas, ese temblor en las manos que aún…
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