El Código del Silencio
La habitación olía a cera de ámbar y cuero envejecido. Luces bajas, apenas un par de velas de cera blanca sobre una mesa de roble macizo, proyectaban sombras largas que…
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Juegos de poder.
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La habitación olía a cera de ámbar y cuero envejecido. Luces bajas, apenas un par de velas de cera blanca sobre una mesa de roble macizo, proyectaban sombras largas que…
La noche entraba fría por la ventana abierta del departamento de enfrente, como si la luna misma se hubiera colado para mirar lo que pasaba adentro. Camila, con el pelo…
Hace semanas que no dejo que nadie me toque el cuello. Ni siquiera yo. Lo tengo marcado, como si fuera tierra de otro dueño, y en cierto modo lo es. Desde aquella noche…
La casa de madera oscura se alzaba al final del sendero de grava, rodeada por un parque antiguo donde los álamos susurraban con el viento del atardecer. En su interior,…
En una ciudad donde el calor se pegaba a la piel como una segunda ropa, Lucía comenzó a asistir a clases de yoga en un estudio pequeño, escondido entre oficinas vacías…
La ciudad dormía bajo una luna llena que cortaba las fachadas de los edificios como un cuchillo frío. En el tercer piso de un edificio colonial, con rejas de hierro…
La noche caía sobre la costa como un manto húmedo, pesado, cargado de sal y promesas. El faro de Cabo Salado, olvidado desde hacía años, se alzaba entre las rocas, su…
La noche caía sobre Medellín como un manto de terciopelo caliente, pegajoso de humedad y promesas. En un apartamento con vista a las luces del Poblado, una copa de vino…
La noche caía espesa sobre el cerro, y el aire del bosque traía olor a tierra mojada y romero. En la cabaña de madera, con el ventanal empañado y las velas parpadeando…
La lluvia golpeaba suave contra el balcón del departamento, un ritmo lento que parecía acompasar los latidos de Sofía. Estaba sola, como tantas noches, pero esta vez no…
La lluvia golpeaba el empedrado del centro como si el cielo se hubiera puesto a rezar con piedras. En el quinto piso de un edificio antiguo, con escaleras de hierro…
La lluvia de Medellín caía espesa y caliente, como si el cielo se hubiera abierto para lavar los pecados de la ciudad. En un apartamento del Poblado, con las persianas…
La lluvia golpeaba suave contra el vidrio del balcón, como un ruido de alfileres cayendo sobre el alféizar. Estaba sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y el vaso…
La casa en El Poblado no era grande, pero tenía el patio más bien cuidado que Tomás había visto en años: piedra pulida, buganvillas colgando como cortinas moradas, un…
El cuarto de lavandería del edificio estaba en el sótano, al final de un pasillo oscuro que olía a humedad y detergente barato. Las baldosas grises estaban desconchadas,…
Nunca pensé que terminaría así, arrodillada en el suelo frío de un cuarto sin ventanas, con las muñecas atadas a la espalda por una cuerda gruesa que me cortaba la piel,…
Yo nunca creí que algo así me pasaría a esta edad. Tenía cuarenta y tres años, una vida ordenada, rutinas marcadas con tiza en el pizarrón de cada día: trabajo,…
La luz del atardecer se deslizaba por las rendijas de las persianas de madera, cortando la habitación en tiras doradas y sombras alargadas. En el centro del círculo de…
Nunca imaginé que algo así me pasaría un martes cualquiera. Yo, que apenas si levantaba polvo en el gimnasio, sudando la gota gorda en la caminadora como si la vida me…
La luz del atardecer se colaba por las cortinas de seda color vino, tiñendo de rojo la piel desnuda de Sofía mientras se ajustaba el cierre del vestido de noche. No lo…
La fiesta había quedado atrás como un eco lejano: música distorsionada, humo de cigarro y risas que se desvanecían en el pasillo del penthouse. Renata se apoyó contra la…
La ciudad dormía bajo un manto de neón y humedad, pero en el piso 14 de un edificio en ruinas con fachada de vidrio negro, él no cerraba los ojos. Sentado frente a tres…
Al día siguiente, no bajé temprano. Bajé tarde. Muy tarde. Como si con eso pudiera borrar lo que pasó. Como si el sol quemara las huellas del deseo. Pero no. El…
Yo, que he vivido entre sedas que acarician más que manos y espejos que devuelven solo lo que quiero ver, nunca creí que un cuerpo pudiera desarmarme con tanta lentitud.…
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