El nudillo y el río
La lluvia no dejaba de caer sobre Rosario, un aguacero tibio que pegaba los pelos al cuello y convertía las calles en ríos negros. En el fondo de una calle sin salida,…
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Testimonios en primera persona.
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La lluvia no dejaba de caer sobre Rosario, un aguacero tibio que pegaba los pelos al cuello y convertía las calles en ríos negros. En el fondo de una calle sin salida,…
La lluvia golpeaba suavemente las tejas del antiguo chalet de madera, ese que Laura y Mateo habían heredado de su abuela y que ahora, después de diez años de silencio,…
La humedad me pegaba a la piel como una segunda camiseta mojada. Junto a la ventana del apartamento, con la brisa del aire acondicionado pidiéndole permiso al termómetro…
A veces, cuando el sol aún no ha decidido si entrar o quedarse a la puerta del cuarto, me despierto con sus manos ya sobre mí. No es que lo escuche acercarse: es que…
Ya hace un año que me mudé a este condominio en Polanco, y hasta ahora —hasta este viernes—, no había cruzado más que saludos de pasillo con don Raúl. Se me hizo un tipo…
Nunca supe si fue casualidad o si el destino me empujó con la mano fría de un capataz de mala suerte hasta ese rincón del bar El Balcón, donde el humo del tabaco y el…
La lluvia golpeaba suavemente los ventanales de la biblioteca municipal mientras Clara cerraba el último libro de la fila de devoluciones. Las seis y veinte de la tarde.…
La luz del atardecer se colaba por la ventana entreabierta, dibujando rayas doradas sobre la cama deshecha. Elias estaba sentado al borde, con la camiseta mojada de…
La primera vez que te vi en el barrio, justo frente a la panadería de la esquina, sentí algo que no sabría nombrar bien. No fue amor, tampoco fue deseo puro —fue una…
Renata encendió su laptop con un suspiro, el sol de la tarde le pegaba de lleno en la nuca mientras el ventilador del escritorio giraba con pereza. Era jueves, 17:23. Y…
Esa tarde me senté en la banca de madera del Café de la Esquina, con el sol del mediodía ya rendido, cediendo paso a una penumbra suave y dorada. Llevaba puesto un…
Yo no buscaba esto. En serio. Había ido a la cena de cumpleaños de una amiga de la universidad, esa donde te encuentras con excompañeros que ya no sabes ni cómo se…
Era viernes, 22:47. La llave giró en la cerradura, y por primera vez desde que me dejó, la puerta se cerró detrás de mí sin que nadie me dijera “vuelvo pronto” o…
La primera vez que te vi, pensaste que era una de esas típicas reuniones aburridas de oficina: traje gris, vino barato, risas forzadas. Pero vos —con esa mirada que no…
A veces, el cuerpo aprende a hablar antes que la mente. Yo lo descubrí en una noche de junio, cuando el aire en mi habitación se volvió espeso, denso, como si la ciudad…
Luz del atardecer se colaba por la rendija de la cortina en la habitación de Mateo, tejiendo una cinta dorada sobre el suelo de madera. Estaba sentado al borde de la…
La habitación olía a cedro y cera de abeja. Luz tenue, filtrada por persianas de madera ajustadas al medio centímetro, dibujaba rayas doradas sobre el suelo de pino. En…
Me acordé de ella la semana pasada, mientras lavaba los vasos y el agua se me enfría en los dedos. No fue un recuerdo cualquiera: fue un estremecimiento que subió desde…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del bar cuando te vi por primera vez esa noche. No fue un destello, ni una chispa instantánea: fue algo más lento, más…
Yo siempre he sido un hombre ordenado. Cincuenta y ocho años, canas bien peinadas, camisas almidonadas, reloj de pulsera que ni se le ocurre adelantarse. Vivo en el…
Yo jamás pensé que un simple olor —el de su perfume barato, pero dulce, como a jazmín quemado— me mandaría al borde de un precipicio. Se llamaba Mariana, vivía en el…
La primera vez que sentí el calor de otro cuerpo contra el mío no fue en una cama, ni en un cuarto oscuro, ni con música de fondo. Fue en el colectivo 152, a las 20:17…
Yo nunca imaginé que algo así me pasaría. Si alguien me lo hubiera dicho, hasta le hubiera reído la gracia. Pero la vida, che, te pone en el lugar justo cuando menos lo…
La tarde se le había quedado pegada al cuerpo a Camila como un sudor lento, espeso, de esos que no se secan con toalla sino con paciencia. Estaba sentada en el balcón…
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