La primera vez que me cogió en el escritorio del estudio
La luz del atardecer se deslizaba por las persianas de mimbre, teñida de ámbar y ceniza, y se posaba sobre la espalda desnuda de Valeria como una segunda piel. Ella…
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La luz del atardecer se deslizaba por las persianas de mimbre, teñida de ámbar y ceniza, y se posaba sobre la espalda desnuda de Valeria como una segunda piel. Ella…
El cuarto de invitados olía a lavanda y madera vieja, como siempre, pero esa noche el aire se volvió denso, cargado de algo que no era perfume ni polvo, sino el silencio…
La lluvia golpeaba suavemente contra los cristales del invernadero, ese rincón de la casa de campo que Ana y Leo habían rehabilitado juntos. No era un lugar de luces…
La luz de la cocina se apagó primero. Luego, la del comedor. Sólo quedaba la tenue claridad de la lámpara de pie en el salón, proyectando sombras largas sobre el suelo…
Eran las once de la noche cuando Sofía abrió la puerta de su casa con una sonrisa cómplice y un vaso de vino tinto en cada mano. Detrás de ella, entre la penumbra del…
La luz del atardecer se deslizaba por las persianas de roble de la casa de Caicedo, en el cerro de La Popa, como un hilo dorado que rozaba la piel de los dos cuerpos que…
Apenas entré al *Café del Norte*, sentí ese aire cargado de humo y recuerdos. El sol se deslizaba por las ventanas anchas como una lengua tibia, dorando los muebles de…
Volví a casa con las manos sudadas y el corazón latiendo como si me hubieran pifiado un partido decisivo. No era por la fiesta —Lucía siempre armarla bien, con vinos…
En el vestíbulo del Hotel El Árbol, en Recoleta, donde el mármol resplandecía bajo las lámparas de bronce y el aire olía a cera de roble y perfume caro, Lucía —con su…
La lluvia golpeaba suave contra los cristales del balcón del apartamento de los Mora, en el cerro de las Tres Cruces. No era una tormenta de mediodía, esa que desborda…
La lluvia golpeaba el techo de la casa de los Álvarez como si fuera a derribarla, pesada, insistentemente, sin prisa pero sin pausa. Santiago y Mariana estaban en el…
Yo sabía que iba a pasar. Que después de los tres meses de cuarentena, de no tocarla, de verla amamantar a nuestro hijo con esa mirada de santidad y agotamiento, algo…
La luz del atardecer se derramaba por los ventanales del departamento de Lucía, bañando en un dorado espeso los papeles esparcidos sobre el escritorio de roble, el…
Me llamó esa tarde —yo estaba armando un café en la cocina— y cuando escuché su voz por el intercomunicador, hasta se me paró el pelo: “¿Viste que se cortó la luz en mi…
Apenas cerré la puerta del cuarto, sentí el peso del silencio pesándome en los hombros. Elena estaba sentada en el sofá, envuelta en una bata de seda color vino que…
La puerta del cuarto de visitas estaba entreabierta. Un haz de luz del pasillo entraba por la rendija y se extendía como una cinta dorada sobre el suelo de madera,…
Elena sentía el calor de la mirada de Santiago sobre su espalda mientras se vestía frente al espejo del baño. No se giró al principio, solo ajustó la cinta de su camisón…
La primera vez que sentí su aliento en el cuello, no era intención mía. Estábamos en el mirador de su casa en Cabo San Lucas, el sol se hundía en el mar con una lentitud…
La lluvia golpeaba las ventanas del hotel como si quisiera entrar, pero no lo hacía. Dentro, el aire era cálido, cargado del olor a madera pulida, jabón de lavanda y el…
La luz del atardecer se deslizaba por las rendijas de las persianas entreabiertas, dibujando bandas doradas sobre la cama deshecha. En el centro, Lucas, de pie,…
La lluvia golpeaba suave contra las ventanas del Café La Esquina, ese pequeño rincón de Bogotá donde los grados celsius se confundían con los grados de confianza.…
La luz de la tarde se colaba por las rendijas del estore, pálida y tibia, como un beso lento. En la terraza del departamento de La Condesa, Mariana movía la cuchara en…
Esa noche, el calor no daba respiro ni en el piso 14 del edificio donde vivíamos. El aire acondicionado se había quejado toda la tarde y, al final, mi novia —Valeria—…
La plaza estaba vacía, salvo por los faroles titilantes y el calor que aún se pegaba a los adoquines como una segunda piel. Renata, con el pelo recogido en un moño…
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