Una tarde en casa de la vecina
El calor de enero en el barrio era de los que se clava en la piel, espeso y lento, como una caricia pesada que no se puede sacudir. Las persianas de aluminio de la casa…
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Relatos heterosexuales en general.
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El calor de enero en el barrio era de los que se clava en la piel, espeso y lento, como una caricia pesada que no se puede sacudir. Las persianas de aluminio de la casa…
Yo no soy de los que se ponen nerviosos con la oscuridad. Pero esa noche, cuando se fue la luz, el silencio se volvió pesado, como si el aire se hubiera quedado sin…
Era como las seis de la tarde cuando bajé el último cajón de la camioneta, con la espalda rajada y el polvo del camino pegado en la piel. Había vivido tres días mudando…
La mañana siguiente me despertó el sol, pero no el de afuera. Fue el sol que traía dentro, ese calor que se me había quedado prendido en el vientre desde la noche…
La noche caía sobre la ciudad como un velo húmedo, impregnado del aroma de la lluvia reciente y el asfalto mojado. En una esquina de la avenida, donde los edificios…
La primera vez que vi a Sol en bikini, supe que no iba a poder aguantar las manos quietas. Estábamos en la quinta de un amigo, en medio de ese calor pegajoso de enero,…
Yo, que he vivido entre sedas que acarician más que manos y espejos que devuelven solo lo que quiero ver, nunca creí que un cuerpo pudiera desarmarme con tanta lentitud.…
Había llovido todo el día, una lluvia fina y persistente que no limpia, sino que empapa los techos de lámina y deja el aire espeso, como si la ciudad respirara con…
La luz del amanecer aún no había tomado posesión completa del cielo, pero ya se colaba tibia entre las cortinas de lino, dibujando líneas tenues sobre el suelo de…
Sí, vos sabés cómo es esto: cuando se muda alguien nuevo en el edificio, todos lo notamos. El portero lo comentó en la cocina, la señora de la lavandería lo miró de…
Doña Lucha llevaba viviendo en el segundo piso del edificio de la calle Azucaña casi veinte años, desde que enviudó. Alta, de caderas anchas y senos que no se habían…
La habitación no era grande, pero el aire olía distinto. No a perfume, ni a limpieza forzada, sino a cuerpo reciente, a sudor ligero que se mezcla con el calor del…
El edificio respiraba distinto desde que se mudó el tipo del 4B. Antes era silencio de viejo solitario, zapatillas desgastadas sobre el piso de madera, el timbre del…
Era viernes, y el edificio olía a pintura fresca y sudor de oficina. El elevador se detuvo en el piso 12, y ella entró como siempre: con tacones que clavaban en el piso…
Nunca pensé que un simple “hola” por mensaje me pondría tan nervioso. Era de madrugada, casi las dos de la mañana, y yo, como todos los viernes, estaba en mi cama con el…
El sol de media tarde entraba sesgado por las ventanas altas del estudio, dibujando rectángulos de luz sobre el piso de madera. El aire olía a eucalipto y a piel limpia.…
La música bajaba por las escaleras de caracol del penthouse como un ronroneo de jaguar, grave y seductor. Afuera, la ciudad brillaba bajo un cielo sin estrellas, con sus…
La casa olía a eucalipto y piel caliente. Camila entró descalza, dejando los tacos en la entrada, como si el aire mismo le exigiera más intimidad. Su hermana había…
La noche cayó sobre El Poblado como una caricia tibia. Yo, desde mi cuarto, no encendí la luz. Solo dejé que la brisa de las siete de la noche me acariciara la espalda,…
Valentina estaba arrugando la camiseta de algodón que usó para secarse después del chupetón que le dio la ducha fría. Se había levantado con ganas de hacer todo bien ese…
Nunca imaginé que una simple cena con amigos terminaría así. Todo comenzó con una invitación casual: “¡Ven, es solo para despedir a Sofía antes de que se vaya a…
Yo soy Noelia, pero todos me dicen Nocturna. No por cursi, ni por rara, sino porque nunca duermo. Desde que era chica, las noches me pertenecen. Mientras el mundo ronca,…
El aire de la ciudad entraba tibio por la ventana abierta, cargado de humedad y el zumbido lejano de motos que cortaban la noche. En el quinto piso de un edificio de…
Yo nunca pensé que algo tan ridículo como un barbijo pudiera convertirse en el preámbulo de una de las tardes más intensas de mi vida. Pero ahí está, la vida, siempre…
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