La primera vez con el nuevo del cuarto 302
Apenas escuché su tosido en el pasillo, supe que algo iba a cambiar. Él subía las escaleras como si cargara el mundo, pero con una torpeza que me hizo sonreír. Camiseta…
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Testimonios en primera persona.
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Apenas escuché su tosido en el pasillo, supe que algo iba a cambiar. Él subía las escaleras como si cargara el mundo, pero con una torpeza que me hizo sonreír. Camiseta…
Yo soy el que vive en el apartamento 304, el del fondo, con el balcón medio oxidado y esa planta de plástico que no se le cae la hoja desde 2018. Ella vive en el 303, la…
Luz se despertó con la respiración entrecortada. No por una pesadilla ni por el calor sofocante de esa noche de junio en Guadalajara —sino por una sensación que aún le…
Elena se sentó frente a la mesa de madera oscura, con las manos entrelazadas y los codos apoyados, los dedos tensos. Frente a ella, el micrograbador plateado brillaba…
Yo soy casado. Tengo dos hijos pequeños, una casa en San Pedro Garza García que ya no huele tanto a pintura nueva, y una esposa que cada vez me mira con menos curiosidad…
Yo no creía en los encuentros fortuitos. Creía en los planes, en los horarios, en los asientos reservados. Pero aquel jueves, cuando subí al tren regional que iba de…
La lluvia golpeaba con insistencia las ventanas del Camino Real Inn, ese hotel de paso en la carretera a Puebla que olía a limpieza industrial y café barato. Daniela se…
Sigo recordando el sonido de la música que se filtraba por las rendijas del pasillo como si hubiera ocurrido ayer, aunque ya han pasado tres meses. Esa noche no iba a…
Sí, lo sé: suena a chiste de fiesta de empresa, pero me pasó de verdad. Y no fue por alcohol, ni por la presión de la fiesta, ni por esa tontería de “ya nos conocemos…
La luz del tren se deslizaba suave por los pasillos, como una lengua tibia que acariciaba las ventanas empañadas. Afuera, la lluvia golpeaba suavemente el cristal, pero…
La puerta del cuarto de visitas estaba entreabierta. Un haz de luz del pasillo entraba por la rendija y se extendía como una cinta dorada sobre el suelo de madera,…
La lluvia golpeaba suave contra las ventanas del bar cuando te vi entrar. No fue el trueno ni el viento lo que me hizo alzar la mirada, sino el silencio que trajiste…
Me llamó la luz del atardecer: amarilla, espesa, colándose por la rendija entre las persianas semiabiertas del balcón. Estaba sentado en el sofá, descalzo, con una…
La brisa del Caribe entraba por la ventana entreabierta del bus, traiendo consigo el olor a sal, a fruta madura y a tierra mojada del atardecer. El motor tosía su último…
Me llamo Valentina, pero vos me conocés como la chiquita del bar La Esquina —esa en la que hasta el mesero se llama a sí mismo “el guardián del espresso”. Yo sirvo…
Yo nunca imaginé que esa noche cambiaría algo tan profundo dentro de mí. Mi primo me había invitado a su fiesta en el fondo de casa, esa que organizaba cada año el…
La luz azul del celular iluminaba la cara de Lucía mientras se recostaba contra los almohadones, los pies descalzos apoyados en el colchón, el cabello suelto sobre los…
La primera vez que el vecino me llamó por mi nombre fue cuando supe que algo iba a cambiar. Yo vivía en el depto. 3B, él en el 3A —un tipo alto, moreno, de ojos oscuros…
La lluvia no caía con furia, sino con paciencia, como si hubiera decidido que merecía escuchar antes de actuar. En la esquina de la calle 23 y la avenida Córdoba, bajo…
La cámara de laptop de Valentina parpadeó una vez, dos, y luego se iluminó con suavidad. En la pantalla, el rostro de Mateo apareció como un faro que atravesaba la…
La lluvia golpeaba suave contra las ventanas del Café La Esquina, ese pequeño rincón de Bogotá donde los grados celsius se confundían con los grados de confianza.…
Llegué a la fiesta a las once y pocos minutos, cuando aún el aire no se había calentado del todo por la multitud. Era un espacio pequeño, en el sótano de un antiguo cine…
La casa de la tía Lina olía a arepa recién hecha, a canela y a sudor de verano. Esa tarde, el calor en Medellín pegaba como pegajoso. Camilo, de 28, se había quedado a…
Vos sabés cómo es: a veces, cuando la soledad aprieta y el cuerpo empieza a pellizcarte por dentro como un recuerdo que no se va, uno busca algo que lo desconecte un…
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