El código del latigazo
La primera vez que vi a Alejandro con el látigo en la mano, no temblé. Me pareció una herramienta más, como un cepillo de cerdas suaves o una caja de clavos bien…
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Testimonios en primera persona.
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La primera vez que vi a Alejandro con el látigo en la mano, no temblé. Me pareció una herramienta más, como un cepillo de cerdas suaves o una caja de clavos bien…
La lluvia comenzó a las cinco y veinte de la tarde, justo cuando Clara cerraba la última copia de *El amor en los tiempos del cólera* en la mesa de prestamos. Fuera, el…
Era viernes, casi medianoche, y el aire en mi apartamento olía a humedad y café frío. Yo estaba sentado en el sofá, con una cerveza medio tibia en la mano, viendo una…
La primera vez que lo vi, me dijo “¡Ay, camina pa’ acá, que no te he visto en toda la noche!” y me sonrió como si ya me conociera desde siempre. Era李, el novio de…
Era viernes, y la casa de Sofía oliendo a vino tinto, incienso de sándalo y sudor de期待. El sol se había hundido ya tras los edificios del norte, dejando una penumbra…
La primera vez que lo vi en el ascensor, no fue el cuerpo lo que me atrapó —fue la forma en que se inclinó a ajustarse el cuello de la camisa, con los nudillos rozando…
El reloj marcaba las 22:17 cuando Elena cerró la puerta del apartamento 3B con una llave que no le pertenecía. No era robo ni invasión: era un acuerdo silencioso,…
Yo no le dije nada. No tenía que decirlo. Ella ya lo sabía. Lo sabía desde que me vio por primera vez en la puerta del super, con el chaleco de la tienda y el cabello…
En el quinto piso del edificio San Isidro, donde el aire acondicionado goteaba por las cañerías y los vecinos se oían hasta cuando tosían, conocí a Daniela. No fue amor…
Nunca imaginé que una noche de viernes con una amiga común terminaría con las dos desnudas sobre mi cama, respirando a un mismo ritmo mientras mi pene se hundía en dos…
Era junio, y el frío de Buenos Aires se metía por las rendijas del edificio como un ladrón silencioso. Ella vivía en el quinto, justo encima de mí. Siempre la escuchaba:…
La primera vez que acosté con mi hermanastra fue un miércoles de lluvia, cuando el calor no daba respiro y el aire del cuarto de baño huele a humedad y jabón de lavanda.…
Era lunes. Lluvia fina, de esas que no mojan pero sí empañan los cristales y loen el asfalto con reflejos de neón. Yo subía en el ascensor del edificio, la mochila al…
Era jueves, hora del café y el silencio de la casa de los Vecino —ese edificio nuevo en el barrio La Playa— donde el aire acondicionado soltaba un zumbido constante y…
Sí, lo sé: suena medio ridículo escrito, como si fuera un chiste de fiesta de cumpleaños donde alguien trae un espejo de cuerpo entero y decís "¡Uy, qué lindo, ahora me…
La primera vez que me acosté con Sofía fue un domingo de julio, cuando el calor ya se había instaurado con fuerza en la ciudad y el aire olía a lluvia retrasada. Eran…
La lluvia golpeaba las ventanas como un loco queriendo entrar, y yo, medio borracho de vino barato y soledad, me dejé caer en el sofá con un suspiro que sonó a rendición…
A veces, la soledad no es ausencia, sino presencia excesiva de uno mismo. Esa mañana, el sol entraba por la ventana del estudio como un invitado incómodo: insistente,…
La sala estaba vacía, salvo por una silla de cuero negro con brazos altos y una mesa baja de madera oscura. A la luz tenue de las lámparas de bronce, la piel de Lena…
La primera vez que la vi con claridad fue un miércoles a las 3:27 p.m., detrás del mostrador de la pastelería *La Horqueta*, donde yo iba siempre a tomar un café y una…
Era viernes y hacía un calor de perros en el fraccionamiento Las Águilas. El sol ya se había metido tras los cerros de Atizapán, pero el concreto de la terraza de la…
Me llamo Lucía, tengo cuarenta y nueve, y aunque ya no uso tacones de aguja ni me pinto los labios como en los años 2000, sigo teniendo esa chispa que no se apaga con el…
La primera vez que vi a Mateo con Lía en la misma habitación, supe que algo iba a suceder. No fue amor, ni siquiera atracción directa: fue una vibración sutil, como el…
El bus de la Universidad de Antioquia, el 127, iba lleno de estudiantes regresando de clase, con sus mochilas de cuero gastado, los pantalones rasgados de tanto usarlos…
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