El chat que encendió la habitación
La pantalla del celular de Mateo brillaba en la oscuridad del cuarto, iluminando su rostro mientras el mensaje llegaba con un *ping* sordo. —*"¿Estás listo, gordo?"*…
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Testimonios en primera persona.
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La pantalla del celular de Mateo brillaba en la oscuridad del cuarto, iluminando su rostro mientras el mensaje llegaba con un *ping* sordo. —*"¿Estás listo, gordo?"*…
La lluvia golpeaba el cristal de la ventana como si tuviera prisa por entrar. Lucía, sentada en el sofá con una taza de té humeante y los pies descalzos sobre la…
Me llamo Lucía, y aunque ya son veinte años viviendo en Medellín, ese calor de la mañana que entra por la terraza de mi apartamento en El Peñón me sigue sacando los…
La lluvia golpeaba el techo de la vieja casa como si tuviera prisa por apagar el mundo. En el cuarto de atrás, donde el calor de la estufa de leña se mezclaba con el…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del café *El Rincón*, un pequeño local acogedor en el barrio de Condesa, donde el aroma del café recién molido se…
No sabía cómo empezar. No había carta, ni mensaje, ni foto que bastara. Solo el sonido de su respiración, ligera como el viento entre los árboles del jardín de mi…
La lluvia golpeaba con fuerza contra los vidrios del edificio, como si el cielo también tuviera ganas de algo que no podía tener. En el décimo piso, donde el aire se…
Yo nunca pensé que un abrazo pudiera convertirse en una traición. Ni siquiera cuando lo sentí —cuando sus brazos me rodearon después de la lluvia, cuando su pecho se…
El tren cruzaba la llanura bajo un cielo que aún no decidía si llover o brillar, y dentro del compartimento, entre el olor a café recién hecho y el leve crujido del…
Nunca imaginé que una taza de café se volviera tan peligrosa. Todo empezó un martes cualquiera de mayo, cuando el frío del invierno andino aún se aferraba a las calles…
Apenas crucé la puerta del bar—ese lugar oscuro, con luces de neón rojo sangre y música de fondo que parecía latir dentro de los huesos—supe que esta noche no sería como…
La primera vez que la vi, estaba sentada al fondo del *Café de la Estación*, con los codos apoyados en la mesa de madera, los dedos rodeando la taza humeante y los ojos…
Yo lo vi antes de que él me viera: una silueta alta, hombros anchos bajo una camisa blanca abierta hasta el tercer botón, y una mano que se paseaba con naturalidad por…
La primera vez que la vi con ese vestido color miel, con ese corte justo por encima de las caderas y el escote que dejaba entrever una curva suave pero firme —como el…
La primera vez que te vi, llovía como si el cielo se desbordara desde el alba, y vos estabas parada frente a la vidriera del café, con el pelo empapado pegado a las…
La lluvia golpeaba suavemente los cristales del Café del Ángel, un local antiguo en el corazón de Medellín, donde las paredes de piedra vista y los suelos de madera…
Yo la vi por primera vez en la cafetería de la esquina, ese lugar donde los vecinos del barrio nos encontramos sin buscarlo, como si el universo hubiera puesto un imán…
Todo empezó por accidente. O por casualidad, como decimos en Medellín cuando algo no lo planeaste pero tampoco te quejaste. Estaba subiendo el volumen del celular porque…
Me despierto con el sol entrando por la ventana del cuarto de huéspedes, tibio y persistente, como si me recordara que hoy no tengo que salir de la cama hasta tarde.…
Se llamaba Valeria. Yo la conocía solo por su voz y el brillo que le ponía a las fotos que me mandaba. Era de Medellín, como yo, y desde el primer mensaje que le escribí…
La luz del atardecer se derramaba sobre el muelle dePuerto Ayora, dorando las olas pequeñas y calentando las tablas de madera hueso del viejo *Velero del Sol*. Daniel,…
La casa de madera y vidrio, al borde del lago, tenía olor a pinos recién cortados, humo de leña y una leve brisa salobre que entraba por las ventanas abiertas. Renata la…
La lluvia había cejado cuando ella llegó. No era una lluvia torrencial, sino una lluvia tenue, persistente, que humedecía el pavimento como una promesa incumplida. Las…
Yo nunca fui de las fiestas ruidosas, pero cuando me invitaron a la casa de Maribel —esa que está en el fraccionamiento Santa Elena, al final de la calle donde ya no…
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