El contrato de lino
Te lo digo sin rodeos, porque vos lo merecés: la primera vez que me puse esa correa de cuero negro —la del collar con la hebilla plateada en forma de O— me dijiste: «Si…
Categorías populares
Ver las 29 categorías →Categoría
Testimonios en primera persona.
395 relatos · página 10 de 17
Te lo digo sin rodeos, porque vos lo merecés: la primera vez que me puse esa correa de cuero negro —la del collar con la hebilla plateada en forma de O— me dijiste: «Si…
La primera vez que la vi, me estaba arreglando el nudo de la manga de la camisa mientras el sol del atardecer se derramaba sobre el muelle de Salina Cruz, pintándolo…
Marisol tenía treinta y cinco años, pelo castaño oscuro recogido en un moño desordenado, y ojos que parecían cansados de tanto workahooling y poco orgasmo. Trabajaba en…
La lluvia golpeaba contra las ventanas del departamento con ese ritmo tenue y insistente que anuncia la soledad. Natalia —traje gris oscuro, medias de seda y los pies…
Me llamó una tarde de lunes, justo cuando el sol se deshacía en la ventana del estudio como miel derretida. No era la hora más lógica para recibir una llamada así —yo…
La pantalla del laptop parpadeó suavemente, como si respirara. Clara apretó el botón de encendido con el pulgar y esperó, sentada al borde de su cama, las piernas…
La lluvia golpeaba con insistencia las ventanas del Café de la Esquina, ese lugar donde el aroma del café recién hecho se mezclaba con el humo tenue de los cigarros…
El tren se detuvo con un suave chirrido de frenos y la pequeña estación de Guanajuato se desplomó en la penumbra de la tarde. Lucía bajó con una maleta de ruedas y una…
La lluvia fina de junio pegaba a los vidrios del *El Jardín Oculto*, un bar de barrio en Belgrano R, donde el olor a cerveza oscura, a tabaco viejo y a café recién hecho…
Nunca creí que algo tan sencillo como un chile verde asado pudiera cambiarlo todo. Pero fue así: un plato de mole rojo con un chile entero encima, una sonrisa tímida y…
Recuerdo el calor del verano entrando por las ventanas abiertas del departamento de Laura, ese olor a sudor, perfbarba y humedad que se pegaba a la piel. Eran las once y…
Diego se despertó con el olor del café recién hecho y el peso de la soledad en la cama. Era viernes, 5 de junio, y no tenía planes. Nadie lo esperaba. Nadie lo llamaba.…
La primera vez que hablé con Mateo fue por una llamada perdida. No respondí, supuse que era un error. Pero al día siguiente, un mensaje: *Hola. Perdón por el callado.…
La lluvia empezó a las tres de la tarde, con ese ritmo pausado de mediodía caluroso que solo el Valle da: primero una brisa tibia que levanta las hojas de los plátanos,…
Lucía encendió la computadora con la esperanza de que no fuera otro día más de trabajo interminable y videollamadas sin fin. Eran las 2:15 de la madrugada, y aunque ya…
A los cincuenta y tres, uno ya no se pregunta si le gustan los hombres maduros: ya no hay dudas, ya no hay vergüenza. Ya uno sabe que le gusta el peso de los hombros…
Volví a encontrármelo en el bar de la esquina, ese donde el café se sirve con leche espesa y el aire huele a galletitas de agua quemaditas y humo de tabaco barato.…
La lluvia golpeaba las ventanas como un pedazo de mundo que no quería entrar, y yo, con el pelo medio suelto y la camiseta humedecida en los hombros por el vapor del…
La tarde se derramaba como miel espesa por las ventanas del taller de joyería, dorando el polvo de bronce y el humo de los tornos. Lucas ya no oía el zumbido de las…
La primera vez que la vi en el parque, bajo ese sol del mediodía que fundía el asfalto, estaba leyendo sentada en un banco de madera agrietado. El sol le marcaba los…
Yo vivía en ese edificio antiguo de once de Barrio Norte desde hace más de veinte años. Las paredes, los pisos de parqué desgastado por las suelas de tantos inquilinos…
Ella bajó las escaleras con los pies descalzos, el vestido negro de seda pegado a la piel como una segunda capa, y el pelo todavía húmedo por la ducha. No había…
La pantalla del portátil brillaba en la penumbra del cuarto, un faro solitario en la habitación de Mateo. Eran las 23:47. Afuera, la ciudad latía con su ritmo habitual:…
Yo siempre creí que el deseo se escondía en los rincones más silenciosos. Que no necesitaba fulgor ni alboroto: basta con una mirada sostenida demasiado tiempo entre dos…
Este sitio contiene relatos eróticos explícitos destinados únicamente a personas mayores de 18 años. Al entrar declaras que tienes la edad legal en tu jurisdicción y que deseas ver este contenido.
Soy menor — SalirSitio etiquetado con RTA · Compatible con control parental
Categorías populares