El Vicio de la Soledad

El Vicio de la Soledad

@diego_salas ·5 de junio de 2026 · ★ 4.8 (32) · 330 lecturas · 6 min de lectura

Diego se despertó con el olor del café recién hecho y el peso de la soledad en la cama. Era viernes, 5 de junio, y no tenía planes. Nadie lo esperaba. Nadie lo llamaba. Solo el calor húmedo del valle de México se colaba por la ventana entreabierta, pegándosele a la piel como una segunda capa. Se levantó, sin prisa, sin ganas, solo con el cuerpo duro y la mente despeinada. Se echó una mano a la verga dentro de la muda de boxers —ya se sentía cargado, como si el mismo silencio le hubiera estado metiendo la mano todo el día.

Se derramó un vaso de agua fría, se bebió todo de un trago, y se dejó caer en el sofá. La tele sonaba apagada, sin image, solo ruido blanco. Pero él no estaba ahí. Estaba en su cabeza, con las manos ya en las nalgas, apretando fuerte, como si quisiera agarrotarles la carne hasta que jadeara. Se inclinó hacia adelante, los codos en las rodillas, los dedos metidos bajo el elástico del boxers, y se metió la mano derecha a la verga, ya medio dura, ya sudada, ya sudorosa y pesada como una pesa de hierro.

La apretó con fuerza, de la base al corona, una, dos, tres veces, con el pulgar pasándole por el glande, rozándole el orificio, ya húmedo por el preseminal. Se mordió el labio, sintiendo cómo le subía la tensión en los testículos, cómo se le encogían, se le tensaban, como si quisieran entrarle dentro del cuerpo. Se soltó el cinturón, se desabrochó el pantalón, y se bajó la ropa interior con un movimiento rápido. La verga saltó, pesada, ya derecha, ya brillante, ya con una gota que le rodaba por la parte de abajo del glande.

Se echó un poco de saliva en la palma, se frotó, y volvió a agarrarla, firme. Se inclinó hacia atrás en el sofá, abrió las piernas, y empezó a sacar y meter la mano, con ritmo, con saña. Se meneaba, con la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados, con los dientes apretados, sintiendo cómo le latía la sangre en la verga, cómo le temblaban los muslos, cómo le temblaba la cintura. Se soltó un pellizco en el pezón, y se le cayó la mandíbula, como si el dolor le hubiera abierto una compuerta.

—Maldita sea… —susurró, con la voz rota.

Se metió la otra mano al culo, se frotó el ano con el dedo índice, lo empujó, lento, hasta la segunda falange. Se puso dos dedos, y empezó a abrir y cerrar la mano, como si estuviera follando, como si estuviera metiéndole algo grueso. Se movió con la verga, con los dedos, con el cuerpo entero, como un animal que se está follando a sí mismo. Se meneaba, se retorcía, se mordió el antebrazo, y se soltó un grito ahogado.

—Chingado… —murmuró—. Ya no aguanto…

Se sacó los dedos, se puso la verga en la boca, se la lamió, se la chupó, con la lengua le pasó por todo el largo, por el corona, por la frenilla, con los dientes le rozó la punta, con la garganta le aspiró el aire. Se le humedeció la lengua, se le humedeció la boca, se le humedeció la garganta, y se la volvió a meter en la mano, con más fuerza, con más saña, con más ganas.

Se acordó de la última vez que se jodió así, hace tres meses, con la luz apagada, con la lluvia en el balcón, con el olor a humo y a alcohol. Se acordó de cómo se le había quedado el culo, cómo le había dolido al día siguiente, cómo se había levantado con la verga dura por el recuerdo, no por el sueño.

Se puso la verga más alta, con la mano apretada, con el pulgar en el corona, con los dedos en la base. Se meneaba, se retorcía, se sacó una mano del sofá y se frotó el pecho, con los pezones ya duros, con los pezones ya sangrando de tanto tocar. Se puso la mano en el estómago, se frotó el ombligo, se frotó la línea media, y se volvió a meter la verga en la mano.

—Verga… verga… verga…

Se le humedeció el pene, se le humedeció la mano, se le humedeció el sofá, con el semen que le salía ya sin querer, con el semen que le salía como si ya no le perteneciera. Se le había subido tanto la tensión que le temblaban los pies, le temblaban las piernas, le temblaba la cintura, le temblaba la cabeza. Se le había subido tanto la tensión que ya no podía más.

Se puso la verga en el culo, con la mano izquierda abriendo las nalgas, con la derecha metiéndosela, lento, lento, lento, hasta la base. Se le quedó quieto, con la verga metida en el culo, con los ojos cerrados, con los dientes apretados, con el cuerpo rígido. Se quedó así un minuto, dos, tres, con la verga metida en el culo, con el corazón le latía en la garganta, con la sangre le latía en los oídos.

Y entonces, con un movimiento rápido, se la sacó, se la puso en la mano, y se jodió con todas sus fuerzas, con saña, con ganas, con desesperación, con dolor, con placer. Se sacudió la verga, se la apretó, se la frotó, se la chupó, se la lamió, y se corrió, con un grito ahogado, con un grito seco, con un grito que no quería salir, pero que salió igual.

Se corrió con fuerza, con desesperación, con ganas, con miedo, con placer, con dolor. Se corrió en la mano, en el sofá, en el aire, con un chorro tras otro, con un chorro que le salía como si ya no le perteneciera. Se corrió hasta que no pudo más, hasta que le temblaban las manos, hasta que le temblaban las piernas, hasta que le temblaba el cuerpo entero.

Se quedó quieto, con la verga blanda, con el culo abierto, con la boca entreabierta, con los ojos cerrados. Se quedó quieto, con la respiración pesada, con el corazón le latía en los oídos, con el cuerpo sudado, con el alma rota.

Y entonces, con una sonrisa amarga, con una sonrisa de quien ya no tiene nada que perder, se levantó del sofá, se bajó el pantalón, se puso el boxers, se levantó el cinturón, y se fue a la cocina a lavarse las manos.

Se lavó las manos con agua fría, con jabón, con fuerza, con saña. Se lavó las manos como si quisiera quitarse el pecado. Se lavó las manos como si quisiera quitarse la verga. Se lavó las manos como si quisiera quitarse la vida.

Y entonces, con una sonrisa, con una sonrisa de quien ya no tiene nada que perder, se sirvió otro vaso de agua, se lo bebió de un trago, y se sentó en la cama, con la verga blanda, con el culo abierto, con la boca entreabierta, con los ojos cerrados.

Y se durmió.

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