El tiempo entre los dedos
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del apartamento del quinto piso, un ritmo constante que hacía parecer que el mundo se detenía. Elena, de pie frente al…
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Ver las 29 categorías →Lo prohibido sabe mejor. Escribo el deseo culpable, la infidelidad, esas ganas que no deberíamos tener… pero tenemos.
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La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del apartamento del quinto piso, un ritmo constante que hacía parecer que el mundo se detenía. Elena, de pie frente al…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del Café Lírico, un lugar oculto entre edificios antiguos del centro histórico, donde el tiempo parecía haberse…
A los cuarenta y nueve años, aprendí que el silencio puede ser más caliente que una mirada. Que el tiempo no quita el hambre, solo la cambia de paladar. Yo lo sabía,…
La luz del sol ya se había deslizado por las ventanas del departamento 4B cuando Elena abrió la puerta, still wearing only a thin silk robe that barely covered the curve…
La luz del sol se deslizaba por las ventanas del salón de actos del club, tibio y lento, como si también le costara moverse después de tantos años de polvo y silencio.…
La primera vez que sentí su olor en el viento fue un miércoles de julio, cuando el sol pegaba con fuerza en el asfalto y las hojas de los árboles se aferraban a la…
La música latía como un corazón acelerado tras la pared del patio trasero. Las luces de neón del vecino, los Ríos, parpadeaban sobre las copas de los árboles,…
La casa de campo de los Lagos, a veinte kilómetros de la ciudad, huele a madera quemada, vino barato y sudor de hombre. En la cocina, con las luces bajas y el reloj de…
La lluvia golpeaba contra las ventanas del departamento con ese ritmo tenue y insistente que anuncia la soledad. Natalia —traje gris oscuro, medias de seda y los pies…
La soga no era nueva. Ya llevaba meses en el cajón del escritorio de Lucas, entre calcetines desgastados y un par de llaves oxidadas. Una cuerda de yute gruesa, nudos…
Ayer, a las tres y pico de la madrugada, cuando el calor ya no era solo del verano sino de la propia piel sudada y agotada, te escuché llegar. No por el sonido de la…
Vos sabés lo que es tener un marido que te ama con la cabeza, pero te ignora con las manos. Yo, sí. Matías, mi viejo, es un santo: me lleva a comer, me abraza al dormir,…
Sí, lo voy a contar. No por gloria, ni por vanidad, sino porque si no lo suelto en palabras, me asfixio. Porque esa noche, cuando me metió la lengua hasta la base de la…
La lluvia golpeaba las ventanas como un pedazo de mundo que no quería entrar, y yo, con el pelo medio suelto y la camiseta humedecida en los hombros por el vapor del…
Apenas crucé el umbral, el aire se volvió espeso, como si hubiera estado esperándome todo el día. Ella estaba de pie junto a la ventana, con la luz del atardecer…
La luz del atardecer se colaba por las grietas del viejo cobertizo, polvorienta y tibia, como un dedo que insiste. Natalia estaba de pie frente al espejo gigante, medio…
Yo no era de las que andan buscando líos. Soy casada, con dos hijos pequeños, y mi vida transcurre entre las tareas de la casa y el trabajo en la peluquería de mi…
Sí, lo confieso: desde que me mudé a este edificio, cada que subía las escaleras hacia el tercer piso, sentía el calor de sus ojos por la rendija de la puerta…
Yo no soy de esas que buscan líos en el trabajo. Soy Natalia, 32 años, contadora, ordenada, responsable, con dos hijos pequeños y un marido que ya no me mira como antes.…
La lluvia golpeaba las ventanas como puños desesperados mientras yo, sentada en el sofá de su casa de campo, sentía cómo el calor subía por mi cuello. Mi cuñada, Elena,…
La habitación olía a cuero viejo, sudor seco y cera de incienso. En el centro, atado con correas de cuero negro a un banco de madera reforzado con tornillos, estaba…
Llovía cuando él se fue. Esa lluvia fina y persistente que empapa sin dar respiro, como el silencio que dejó en casa después de despedirse con un beso en la frente y una…
La llave giró suavemente en la cerradura, apenas un susurro metálico entre los muros de madera envejecida. Clara no esperaba que nadie estuviera dentro —solo había ido a…
Sí, lo voy a escribir. No porque me arrepienta —porque no me arrepiento—, sino porque hace meses que me late en el pecho como un latido de tambor bajo la ropa, y si no…
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