El Jardín de los Espejos Rotos
La primera vez que vi el jardín, la puerta estaba entreabierta. No era una puerta cualquiera: de madera oscura, tallada con figuras que parecían moverse si se las miraba…
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Erotismo con carga emocional.
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La primera vez que vi el jardín, la puerta estaba entreabierta. No era una puerta cualquiera: de madera oscura, tallada con figuras que parecían moverse si se las miraba…
La lluvia empezó a las tres de la tarde, con ese ritmo pausado de mediodía caluroso que solo el Valle da: primero una brisa tibia que levanta las hojas de los plátanos,…
Lucía encendió la computadora con la esperanza de que no fuera otro día más de trabajo interminable y videollamadas sin fin. Eran las 2:15 de la madrugada, y aunque ya…
En la esquina de Insurgentes y Tacuba, el local de la señora Rosaura era un refugio de muros amarillentos y mesas de madera gastada por el uso —y por el calor de tantas…
El sol ya se había metido tras las sierras de Cuernavaca cuando las luces de las velas parpadeaban entre los palomares del jardín de la Tere. Había mariachis de baja…
Nunca pensé que una simple nota en el buzón de correo cambiaría mi vida. Yo, Elena, 47 años, viuda desde hacía cinco, con dos hijos ya mayores y una rutina tan ordenada…
La ciudad, aún dormida bajo una capa tenue de niebla matutina, guardaba sus sonidos en el silencio de las calles empedradas. En el tercer piso de un edificio art decó,…
La luz del atardecer se colaba por las persianas enrolladas de la cocina, dibujando rayas doradas sobre el mármol frío. Renata ajustó el delantal de algodón crudo que…
La primera vez que sentí ese calor en la nuca fue hace tres meses, cuando lavaba los platos y ella se acercó con una botella de tequila y dos vasos. Me llamó la atención…
Llovía desde las cinco de la tarde, una lluvia tibia y persistente que no dejaba respiro, solo el sonido de las gotas deslizándose por el cristal como dedos indecisos.…
A los cincuenta y tres, uno ya no se pregunta si le gustan los hombres maduros: ya no hay dudas, ya no hay vergüenza. Ya uno sabe que le gusta el peso de los hombros…
Te lo juro: no fue planeado. Ni siquiera fue intención mía. Fue algo que surgió, como una gota de rocío que se desliza por una hoja al amanecer, sin rumbo fijo, pero con…
La primera vez que vi sus manos no me di cuenta. Fue en el antro de la esquina de Insurgentes y Tamaulipas, ese lugar que huele a humo barato y café recién hecho, donde…
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la casa de verano cuando Lucía apagó las luces del comedor. Hacía dos días que estaba allí, sola, escapando del bullicio de…
Sí, vos sabés que soy de las que no se deja llevar fácil. Que siempre piso firme, que tengo mis límites bien marcados, que me encanta jugar con el fuego pero sin…
La luz del atardecer se colaba por las persianas entreabiertas de la sala, pintando rayas doradas sobre el suelo de madera. Afuera, el zumbido de las cigarras marcaba el…
Volví a encontrármelo en el bar de la esquina, ese donde el café se sirve con leche espesa y el aire huele a galletitas de agua quemaditas y humo de tabaco barato.…
La lluvia golpeaba las ventanas como un pedazo de mundo que no quería entrar, y yo, con el pelo medio suelto y la camiseta humedecida en los hombros por el vapor del…
Recuerdo el calor del asfalto aún hirviendo cuando bajé del camión, los pantalones pegados a la piel por el sudor y el corazón en la garganta. Dos años sin verla. Dos…
La lluvia golpeaba suavemente las tejas del rancho mientras Clara bajaba del coche, el aire húmedo envolviéndole el cuerpo como una promesa silenciosa. Había dejado…
La casa de mi abuela, en el campo, olía a madera envejecida y jazmín silvestre. Yo tenía veintidós años, ella ya no estaba, y él —Liam— había llegado esa mañana con una…
Yo soy la que siempre lleva la cuenta —de lo que se dice, de lo que se calla, de cuánto tiempo aguanto antes de pedir más. Pero esa noche, con él, aprendí que el…
La luz del atardecer se colaba por las cortinas entreabiertas, teñida de dorado y cálida, como el tono de la piel de Daniel cuando se sacudió la camiseta mojada de sudor…
Yo lo vi entrar con esa mirada que no pide permiso, pero sí lo ofrece. Llevaba una camisa blanca abierta hasta el tercer botón, el pelo recogido con una lazada negra,…
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