Cuando me cogió el novio de mi hermana
Soy el primer hijo de mi mamá, el que siempre estuvo ahí cuando papá ya no lo estaba, el que le dio una mano a mis hermanas pequeñas con sus tareas y hasta les cepilló…
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Entre distintas etnias.
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Soy el primer hijo de mi mamá, el que siempre estuvo ahí cuando papá ya no lo estaba, el que le dio una mano a mis hermanas pequeñas con sus tareas y hasta les cepilló…
La primera vez que notó el calor en sus ojos fue un jueves de mayo, cuando él pasó frente a su ventana con una bolsa de plástico llena de verduras y una camiseta mojada…
La primera vez que la vi con claridad fue un miércoles de junio, a las 5:47 p.m., mientras yo lavaba el auto frente a mi casa y ella salía del suyo con una bolsa de…
La primera vez que lo vi en persona —no por pantalla— fue en la escalera del edificio, con una linterna en una mano y una llave inglesa colgando del cuello como un…
La primera vez que lo vi, me dijo “¡Ay, camina pa’ acá, que no te he visto en toda la noche!” y me sonrió como si ya me conociera desde siempre. Era李, el novio de…
Era jueves, hora del café y el silencio de la casa de los Vecino —ese edificio nuevo en el barrio La Playa— donde el aire acondicionado soltaba un zumbido constante y…
La luz del atardecer se filtraba por las persianas de madera en el estudio de Leo, teñida de ámbar y polvo dorado. En el suelo, una colcha tejida a mano cubría el…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del pequeño café del centro, empañando la luz cálida que escapaba por las rendijas de las persianas medio bajadas. A…
La noche de La Candelaria se ponía pesada, cargada de humo de cigarros, cerveza barata y ganas de olvidar. El aire olía a humedad, a empanadas fritas que aún colgaban en…
El sol ya se deslizaba por el horizonte cuando crucé la puerta del *Café del Faro*, un local pequeño, de madera oscura y ventanas empañadas por el salitre. Había llegado…
Era viernes y la humedad se metía por las ventanas como una caricia lenta, pegajosa, insaciable. En el barrio de Palermo, donde los árboles se besaban con el viento y…
La primera vez que el vecino me llamó por mi nombre fue cuando supe que algo iba a cambiar. Yo vivía en el depto. 3B, él en el 3A —un tipo alto, moreno, de ojos oscuros…
La primera vez que la vi, estaba lloviendo a cántaros en la terraza del bar El Mirador, en el último piso del edificio que daba al río. Yo me había quedado hasta tarde…
El sol se hundía tras las palmas de Cabo San Lucas, pintando el cielo con tonos de melón maduro y miel dorada. En la terraza del viejo hotel colonial, entre macetas de…
Yo, Renata, cuarenta y nueve, con veinte años más que él, no creí que aquella tarde de viernes en el café de la esquina de la 7ª con la 32 cambiaría mi ritmo cardíaco…
A él lo conocí en la biblioteca municipal, un viernes a las siete y media de la tarde, cuando ya el sol se había deslizado por el techo de vidrio y dejaba en el suelo…
La habitación olía a incienso indio y sudor. Lucrecia lo había prendido antes de entrar, un palito delgado que arrojaba humo azulado y denso, cargado de cardamomo y…
La brisa del mar traía sal y humedad, pero también el olor del verano en Cartagena: flores de canella quemadas por el sol, café recién molido y la promesa de algo que…
La luz del atardecer se deslizaba por la terraza de cemento de la casa de Xochitl, tibio y espeso como miel diluida en agua. El aire olía a tierra mojada, a albahaca…
La primera vez que Santiago la notó, Lena estaba de espaldas, inclinada sobre la mesa de cócteles, recogiendo una servilleta que había caído. Su cabello, rizado y…
Yo ya tenía el traje puesto: camisa abierta hasta el ombligo, pantalón corto de lino, sandalias de cuero. El sol de Cartagena me golpeaba en la nuca mientras caminaba…
Yo tenía cuarenta y nueve, y él, apenas veinticuatro. Eso no lo decía yo; lo dijo él mismo, cuando me miró a los ojos después de que le serví un tequila doble en la…
La lluvia fina de Medellín se pegaba como lágrimas de cristal al cristal del tren que subía por la ladera, entre jardines colgantes y flores de colibrí que brillaban…
Yo tenía cuarenta y siete cuando ella se mudó al número 42, la casa de al lado. Ella, Lucía, veintitrés, con esa mezcla de inocencia y seguridad que solo tienen las…
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