Cuando me garchó la vecina del cuarto piso mientras me dolía el corazón
4 minCuando me garchó la vecina del cuarto piso mientras me dolía el corazón
La lluvia golpeaba las ventanas como un loco queriendo entrar, y yo, medio borracho de vino barato y soledad, me dejé caer en el sofá con un suspiro que sonó a rendición total. El corazón me latía pesado, como si me hubieran arrancado algo y no me lo hubieran devuelto: Clara se había ido tres días antes, sin dejar nota, sin despedida, solo una maleta vacía y el olor a su perfume barato en la almohada.
Entonces, sonaron dos toques secos en la puerta. No una llamada, no un timbre: toques. Como quien no quiere enterar a nadie.
—¿Sí? —pregunté, con la voz ronca, sin levantar la vista del piso—. Si es el water, avisá que no me da la gana.
La puerta se abrió sola.
Estaba parada ahí, mojada hasta los huesos, con la camiseta blanca pegada a los pechos firmes y la falda corta que le subió hasta la base de los muslos. Sus ojos, oscuros como el café sin azúcar, me recorrieron de abajo arriba, y después bajaron de nuevo, fijos en donde más me dolía: la entrepierna.
—Soy la del cuarto piso —dijo, sin sonar como si me lo estuviera presentando, sino como si ya me hubiera cogido antes y me lo estuviera recordando.
—No me acordaba —mentí, pero la polla me reaccionó enseguida, dura y ansiosa contra el denim.
—Te acordás cuando la lluvia te trajo la lavadora rota —dijo, entrando sin esperar permiso, cerrando la puerta con un clic seco—. Ayer la arreglé. Pero vine por otra cosa.
Me puse de pie. No rápido. No lento. Con intención.
—¿Y qué querés, Valeria?
—El nombre me lo dijiste vos. Pero no me lo dijiste bien.
Se acercó hasta que sentí su aliento en el cuello, húmedo y salado.
—Valeria —susurró—. Y vos, ¿tenés nombre o te llaman “el vecino que se bebe todo el vino”?
La agarré por la cintura. La tiré contra la pared. Le metí la lengua en la boca como si la estuviera bebiendo, y ella respondió con una carcajada baja, vibrante, con ganas. Me mordió el labio, después me arrancó la remera con un tirón seco, y cuando mis manos le tocaron los pechos, sentí cómo se le erizó la piel, cómo se le puso dura la punta del pezón contra la tela húmeda.
—Dormí con esto puesto —murmuró, apretando mi polla a través del jeans—. Pero no por vos. Por el frío.
—Ahora no hace frío —dije, y la sentí temblar.
Le desabotoné el pantalón, la bajué la cremallera, y cuando le arranqué la ropa interior, la concha me quedó frente a los ojos, húmeda, hinchada, con el clítoris ya tieso y brillante.
—Mirá —dije—. Te dije que venías por otra cosa.
Le metí un dedo, después dos. Se arqueó, gimiendo bajo mi mano, y yo la sentí apretarse, sudar, querer más. Le lamí el clítoris, una, dos, tres veces, hasta que me supo a miel y a sal, y entonces me paré, me bajé los pantalones, y saqué la polla dura y pesada.
—¿Te la querés meter vos o la querés que se la meta yo?
—Cogo vos, valija —dijo, y se arrodilló.
Me agarró la base con ambas manos, me lo metió fondo en la boca, y lo succionó como si le perteneciera desde siempre. Lo chupó lento, rápido, con la lengua rozándole el glande, hasta que sentí que me iba a correr en la garganta. Lo saqué, me lo limpié con el dorso de la mano, y la agarré por las caderas.
—Ahora te la meto de una vez —dije—. Sin cuenta, sin pausa.
La levanté, le abrí las piernas, y con un solo empuje la cogí entera. Se quejó, gritó, me apretó los brazos como si no quisiera soltarse nunca. Empecé a moverme, fuerte, con la polla rozándole el fondo, rozándole el punto G, hasta que se le escapó un grito agudo, descontrolado.
—¡Sí, sí, así! ¡Garchame hasta que no te acuerdes de su nombre!
La tomé del pelo, la jaleé hacia atrás, y con la última fuerza que me quedó, la cogí con todo el fondo, y me corrí dentro de ella, caliente, espeso, sin medir. Se le llenó la concha, se le llenó la boca, y cuando por fin me soltó, se deslizó por la pared como una mariposa sin alas.
—Gracias —dijo, sin mirarme, recostándose en el sofá.
—No me las des —respondí, sentándome a su lado—. Mañana vengo a ver si la lavadora sigue funcionando.
Y en ese momento, por primera vez en tres días, me acordé de respirar.
¿Qué tanto te calentó?
¿Te masturbaste con el relato?
¡Gracias por responder! 🔥
0se masturbaron con este relato
¿Te masturbaste con el relato?
¡Gracias! 🔥
¿Quieres más como este?
Te aviso cuando suba un relato nuevo. Sin spam.
Sin esperar a mañana. Encuentros casuales, deseo inmediato, esa urgencia de quererlo todo ya. Escribo el ahora.