El sabor del humo y el río
La tarde se arrastraba lenta por las orillas del Paraná, tibio y denso, como una promesa que se demora en cumplirse. En el muelle de la vieja estación de ferrocarril,…
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Erotismo con carga emocional.
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La tarde se arrastraba lenta por las orillas del Paraná, tibio y denso, como una promesa que se demora en cumplirse. En el muelle de la vieja estación de ferrocarril,…
A los treinta y tantos, aprendí que el silencio puede ser más caliente que cualquier palabra. Todo empezó una tarde lluviosa en la biblioteca universitaria, donde yo…
Ella tenía veintitrés años, piel de luna recién nacida, y ojos que no sabían aún qué era el cansancio. Él, cincuenta y uno, tenía las manos de quien ha cargado mucho y…
La casa de madera y vidrio se alzaba en lo alto de la colina, rodeada de pinos que susurraban con el viento del lago. Era junio, y el calor ya apretaba con fuerza, pero…
La luz del atardecer se colaba por las ventanas del living de Valeria, pintando de dorado las paredes blancas y el sofá de cuero gris. Ella estaba sentada en el borde,…
El sol de mediados de junio entraba tibio por la ventana del porche de la casa vieja en El Poblado, donde las plantas de jazmín trepaban por los postes de madera y el…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del apartamento de Santiago, un ritmo constante que parecía encargarse de aislar el mundo exterior mientras el interior…
Doña Rosa —aunque todos la llamaban simplemente Rosa— entró al ascensor del Edificio las Flores con una bolsa de tela pesada colgada del hombro, el cabello recogido en…
La primera vez que te vi en la cámara, estaba lloviendo en Medellín, esas lluvias finas que se meten por los vidrios como si tuvieran permiso para entrar. Yo estaba…
Ayer, mientras preparaba café, sentí el mismo calor que hoy —no en el aire, ni en la taza, sino en la forma en que tu mirada se deslizó por mi espalda cuando creíste que…
Yo tenía veintitrés años, y él, cincuenta y uno. Me llamó la atención desde el primer día que mudó al departamento del fondo, al otro lado del pasillo. No por su…
En lo alto de la montaña que nadie nombraba, donde el viento susurraba con la voz de antiguas diosas, había un jardín que no existía en los mapas. Sus caminos eran de…
La primera vez que la vi, me di cuenta de que era peligrosa. No por lo que decía, ni por cómo se movía —aunque sí, también— sino por cómo se detenía. Una pausa…
La casa olía a pintura fresca y madera recién lijada. Mateo, aún con las manos manchadas de polvo y el sudor pegándole la camiseta a los hombros, cerró la puerta del…
La primera vez que Laura vio a Santiago con los guantes de cuero, supo que algo cambiaría. No fue un presentimiento ni una corazonada: fue una certeza física, un…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del invernadero, un ritmo constante que marcaba el paso del tiempo mientras el mundo exterior se volvía borroso tras el…
La casa de la abuela seguía oliendo a clavel seco y café recién hecho, aunque ya no era la abuela quien lo preparaba. Era su nuera, Maribel, la que movía su cadera con…
La tarde en Medellín se derretía como caramelo en la piel: calurosa, pegajosa, dulce. En el rincón de *La Esquina del Viento*, un café de barrio con paredes de ladrillo…
Llegué a Punta del Este con el viento salado pegado a la piel y un billete de ida sin fecha de vuelo. Había dejado atrás Montevideo comoquiera se deja atrás una herida…
Llegué a la playa a las cinco y media de la tarde. El sol ya no quemaba, pero aún colgaba pesado sobre el horizonte, teñía el cielo de naranja quemado y el mar se volvía…
La lavandería de la esquina, “La Limpia y Listo”, olía a jabón en polvo, vinagre y sudor de camisetas usadas. Las máquinas giraban como cápsulas de un sueño mecánico, y…
La lluvia golpeaba el techo de la casa como si alguien estuviera tirando piedras pequeñas contra el metal. Claudia se había quedado sin luz, y el candil que había…
La llave giró con un clic suave, casi imperceptible, dentro de la cerradura. El cuarto de visitas estaba a oscuras, pero no por accidente: Lucía lo había apagado a…
Yo siempre supe que Luis era diferente. No por lo evidente —que sí lo era— sino por esa manera tan suya de mirar, de guardar silencio cuando otros charlaban, de mover…
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