Lo que pasó en el taller de cerámica
La tarde se arrastraba lenta, cargada de calor y olor a tierra mojada, cuando Sofia cerró la puerta del taller de cerámica tras de sí. El sol ya se escondía tras los…
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Ver las 29 categorías →Me quedo con los nervios de la primera vez, esa ternura torpe antes de que todo arda. Escribo el deseo que todavía no sabe su nombre.
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La tarde se arrastraba lenta, cargada de calor y olor a tierra mojada, cuando Sofia cerró la puerta del taller de cerámica tras de sí. El sol ya se escondía tras los…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del viejo caserón de San Ángel, ese lugar que los dueños habían dejado abandonado durante años, hasta que Lucía lo…
Yo nunca pensé que un simple error en el informe mensual me llevaría a estar de rodillas frente a su escritorio, con las manos atadas a la espalda y el aliento…
Yo ya lo había notado antes: cuando te miraba desde la escalera, la cara le ruborizaba, como si te hubieras equivocado de puerta y estuvieras entrando sin querer a su…
Luna ajustó la luz de su habitación hasta lograr el tono dorado que más le gustaba: cálido, suave, casi imperceptible, como el resplandor de una vela lejos. Se puso los…
A los treinta y dos años, creí haber aprendido a dominar mis propios nervios. Pero la primera vez que cruzó la puerta de mi estudio, con esos ojos que parecían no mirar,…
La primera vez que vi a Lucas en persona, no fue en la biblioteca donde trabajábamos, sino en un bar de la colonia Roma, una noche de jueves cualquiera. Estaba sentado…
Me acuerdo exactamente dónde estaba sentado cuando me llamó Lucía. Eran las tres de la tarde, un miércoles caluroso de enero, y yo estaba en el sofá de su casa —sí, la…
La primera vez que Mateo cruzó la puerta de la casa de los hermanos García, lo hizo con la excusa de una cena de cumpleaños. Pero desde que vio a Lucía aparecer en la…
La primera vez que toqué su piel, me temblaron las manos como si me hubieran dado un chicle de chile en la lengua y se me hubiera quedado pegado el fuego. Ella se…
Eran casi las ocho de la tarde, cuando el sol ya se había reído de tanto calentar el barrio y solo quedaba ese resplandor anaranjado pegado a las montañas del norte.…
La luz del alba se colaba por la ventana entreabierta, dorando los contornos de la habitación con un tono suave y tibio. Lucía se despertó con la sensación de que el…
La primera vez que la vi con claridad fue un miércoles a las 3:27 p.m., detrás del mostrador de la pastelería *La Horqueta*, donde yo iba siempre a tomar un café y una…
Luz se despertó con la respiración entrecortada. No por una pesadilla ni por el calor sofocante de esa noche de junio en Guadalajara —sino por una sensación que aún le…
Nunca había estado tan nervioso en toda mi vida. Sentado en el borde de la cama, con los guantes de látex negros apretados entre los dedos, sentía el latido de mi…
Yo nunca imaginé que esa noche cambiaría algo tan profundo dentro de mí. Mi primo me había invitado a su fiesta en el fondo de casa, esa que organizaba cada año el…
La luna no iluminaba el jardín; lo besaba. Con una suavidad que parecía hecha de plata líquida, sus rayos deslizaban sobre las hojas de la enredadera de luna, una planta…
Yo todavía siento el calor de su mano sobre mi nuca cuando me pidiéndome que cerrara la puerta con llave. No era la primera vez que me quedaba después de hora, ni la…
La luz del sol se colaba por la rendija entre las cortinas del estudio de pintura de Lucía, tibio como miel derretida, y dibujaba una línea dorada sobre el piso de…
La luz del atardecer se deslizaba como miel tibia por los balcones de madera del viejo quincho, donde las enredaderas de jazmín habían crecido durante años sin nadie que…
La casa olía a pintura fresca y madera recién lijada. Mateo, aún con las manos manchadas de polvo y el sudor pegándole la camiseta a los hombros, cerró la puerta del…
Nunca pensé que un simple “buenas noches” en el pasillo iba a cambiar mi vida para siempre. Yo, Mateo, 29 años, soltero de toda la vida, con una rutina tan planchada que…
Yo, Valentina —veintitrés años, piel morena clara como el café con leche, ojos cafés que dicen más de lo que hablo— siempre había jurado que no me dejaba llevar por esas…
Yo era veintitrés, con la curiosidad aún fresca como leche recién vertida, y él, Mateo, cincuenta y uno, con la calma de quien ha aprendido a escuchar entre silencios.…
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