Lo que pasó en la librería de enfrente
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas de la librería *Páginas Abiertas* cuando Elena cerró la puerta tras el último cliente. Tenía 49 años, cabello castaño…
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Ver las 29 categorías →Lo erótico también vive en la intimidad de quienes ya se conocen. Escribo la complicidad, el deseo cómodo y profundo de las parejas.
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La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas de la librería *Páginas Abiertas* cuando Elena cerró la puerta tras el último cliente. Tenía 49 años, cabello castaño…
La primera vez que lo vi, pensó que era un error de distribution: un joven de veinticuatro años, con los hombros estrechos pero ya marcados por el esfuerzo diario de…
La casa de la abuela quedaba en el fondo del barrio, entre naranjos y una viga de madera que colgaba con el tiempo. Fernanda, con su falda plisada de algodón y los pies…
Nunca pensé que una sesión de *El amor en los tiempos del cólera* terminaría con mi corazón latiendo tan fuerte entre los senos y las piernas temblorosas, ni que la voz…
La casa de campo de los Abrego, en las afueras de Medellín, olía a tierra mojada, café recién hecho y madera vieja. Fernanda —32 años, morena, cadera ancha, piel suave…
La casa de Pedro y Fernanda estaba envuelta en el silencio cálido de la siesta mexicana: el sol de junio pegaba fuerte contra las persianas medio cerradas, dejando pasar…
He descubierto que mi amor por los botones no nació de una obsesión infantil ni de una casualidad estética. Nació contigo. Recuerdo aquella tarde de octubre en que, por…
A veces, lo más intenso no ocurre entre risas ni palabras apresuradas, sino en ese instante en que el tiempo se detiene, y todo lo que hay es la respiración del otro, el…
La lluvia golpeaba el techo como si quisiera entrar, y Fernanda se abrazó más fuerte al cobertor, escuchando el silencio que se había instalado en la casa. Su hermano,…
La luz del atardecer se derramaba tibia sobre la terraza de doña Rosa, esas macetas de plástico con albahaca y perejil, la silla de malla que crujía con cada movimiento,…
Eran las once y pico de la noche, y el aire en el barrio La Candelaria olía a jazmín y lluvia cerca de venir. Fernanda, sentada en el banco del parquecito de su…
La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la casa pequeña en el barrio La Floresta, esa clase de lluvia tibia de junio que no molesta, sino que invita a encerrarse…
Te lo digo sin rodeos, porque vos lo merecés: la primera vez que me puse esa correa de cuero negro —la del collar con la hebilla plateada en forma de O— me dijiste: «Si…
Hoy cumplí treinta y cinco, y no fue como los otros años: sin celos, sin recuerdos de ex, sin ese vacío que siempre me acompañaba desde que me fui de casa a los…
La lluvia golpeaba suave contra los vidrios del departamente, ese sonido de verano que te mete hasta los huesos y te hace querer envolverte en una manta, un café…
La casa de mi abuela, en el campo, olía a madera envejecida y jazmín silvestre. Yo tenía veintidós años, ella ya no estaba, y él —Liam— había llegado esa mañana con una…
La luz del atardecer se colaba por las cortinas entreabiertas, teñida de dorado y cálida, como el tono de la piel de Daniel cuando se sacudió la camiseta mojada de sudor…
La casa de los Mendoza siempre tuvo el jardín más ordenado del vecindario. No por ostentación, sino por costumbre. Desde que se habían mudado, quince años atrás, Raúl…
La primera vez que noté el cambio fue en la cocina, mientras le servía café a mi esposo, Luis, y él me miraba la espalda con los ojos un poco más oscuros de lo normal.…
Yo soy suya. No en el sentido de posesión torpe, ni de dominio bruto: soy suya porque ella me lo pidió con una sonrisa suave, una mirada que me desarmó desde el primer…
La lluvia comenzó a caer sin previo aviso, como si el cielo hubiera decidido cerrar el día con un suspiro húmedo. Lucía apagó la pantalla del computador, estiró los…
La luz del atardecer se deslizaba por los ventanales del quinto piso como una caricia lenta, dorada y cálida, rozando el borde de las macetas con plantas silvestres que…
La luz del atardecer se deslizaba por las rendijas de las persianas de madera, dibujando rayas doradas sobre el suelo de baldosas frías. En la cocina, con las manos…
Cada mañana, antes de que el sol se asome del todo por las copas de los árboles del jardín, yo ya estoy sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y una taza humeante…
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