El encuentro en la bahía de las estrellas
La luna llena bañaba la bahía de las estrellas como si fuera un espejo de plata líquida. En la península de Santa Marta, donde el mar Caribe besaba la montaña con una…
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Hombres maduros.
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La luna llena bañaba la bahía de las estrellas como si fuera un espejo de plata líquida. En la península de Santa Marta, donde el mar Caribe besaba la montaña con una…
La luz del atardecer se colaba por las rendijas de las persianas de madera de la sala del *Café del Rincón*, un lugar tranquilo de la Zona G de Medellín, donde el aire…
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del pequeño café del centro, empañando la luz cálida que escapaba por las rendijas de las persianas medio bajadas. A…
La casa olía a naranjas asadas y vela de vainilla. Luís había insistido: “Hacé algo fácil, Valeria, que no quiero liarme con la cocina”. Pero ella sabía que no se…
Yo tenía veintitrés años, el cuerpo aún fresco, pero ya con ganas de probar todo lo que la vida me había negado en mi crianza católica y recatada. Vivía en un…
El sol ya se deslizaba por el horizonte cuando crucé la puerta del *Café del Faro*, un local pequeño, de madera oscura y ventanas empañadas por el salitre. Había llegado…
Yo nunca pensé que iba a terminar metida hasta el cuello en la bodega de Ramón, el vecino del fondo, con la verga de él metida hasta la garganta y el culo apretado…
A él lo conocí en la biblioteca municipal, un viernes a las siete y media de la tarde, cuando ya el sol se había deslizado por el techo de vidrio y dejaba en el suelo…
La lluvia golpeaba suave contra las ventanas del Café La Esquina, en Roma Norte, como si el cielo también tuviera algo que contarse en voz baja. A las 6:47 de la tarde,…
Ella tenía veintitrés años, piel tersa como seda recién planchada, y un cuerpo que parecía hecho para ser mirado, no para ser comprendido. Él tenía cincuenta y uno, y su…
Sé que suena raro, pero fue cierto. Yo, Diego Salas, un tipo de 51 años, casado con mi esposa desde hace veinticinco, con dos hijos universitarios, y aún así, ese…
Tenía veintitrés años y él, cincuenta y uno. Eso era lo único que sabía con certeza cuando lo vi entrar al café ese viernes por la tarde, con esa camisa blanca abierta…
La lluvia fina de Lisboa se deshacía en vapor sobre el asfalto húmedo cuando entré al Café do Atrio. Tenía veintitrés años, el maletín de piel marrón con las anotaciones…
La brisa del mar traía sal y humedad, pero también el olor del verano en Cartagena: flores de canella quemadas por el sol, café recién molido y la promesa de algo que…
La luz del atardecer se colaba por las persianas de ratán en el estudio de la casa de Belgrano, teñida de ámbar sobre los muebles de caoba y los libros encuadernados en…
Yo lo vi entrar al bar a las 21:47, y aunque no miré el reloj de pulsera para confirmarlo, tengo memoria de esos detalles desde que era joven y aún creía que el tiempo…
Ella tenía veintitrés años, piel de luna recién nacida, y ojos que no sabían aún qué era el cansancio. Él, cincuenta y uno, tenía las manos de quien ha cargado mucho y…
Yo tenía veintitrés años, y él, cincuenta y uno. Me llamó la atención desde el primer día que mudó al departamento del fondo, al otro lado del pasillo. No por su…
Yo, Lucía, a mis 23 años, ya creí que el deseo me había dejado en paz. Pero entonces llegó él: Tomas León, 51, hombre de mirada profunda y manos que parecían hechas para…
La primera vez que Valeria lo vio, en la primer clase de Historia Contemporánea de la facultad, pensó que era imposible que un hombre de esa edad aún diera clases —y…
La lluvia fina de Medellín se pegaba como lágrimas de cristal al cristal del tren que subía por la ladera, entre jardines colgantes y flores de colibrí que brillaban…
La puerta del estudio se abrió con un suave chasquido de madera envejecida, y Lucía entró con los tacones altos que chirriaron apenas sobre el parqué. La habitación olía…
Yo tenía cuarenta y siete cuando ella se mudó al número 42, la casa de al lado. Ella, Lucía, veintitrés, con esa mezcla de inocencia y seguridad que solo tienen las…
La lluvia golpeaba con fuerza las ventanas del club subterráneo *La Hora del Lobo*, un espacio íntimo y oscuro en el centro de la ciudad donde la luz se filtraba apenas…
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