El chat que encendió la habitación
6 minEl chat que encendió la habitación
La pantalla del celular de Mateo brillaba en la oscuridad del cuarto, iluminando su rostro mientras el mensaje llegaba con un *ping* sordo.
—*"¿Estás listo, gordo?"* —decía, con una foto adjunta de Lila sentada en una silla, de espaldas, con la camiseta subida y la bragas de encaje negro apenas conteniendo su culo redondo y firme. No usaba sujetador. Sus pechos colgaban suaves, naturales, con pezones oscuros y tensos.
Mateo trago saliva. Habían estado chateando tres semanas: mensajes picantes por WhatsApp, videollamadas donde se miraban sin vergüenza, él mostrando su cuerpo entre risas nerviosas, ella permitiéndole ver cómo se toqueteaba bajo la sábana. Nada de fotos espontáneas: todo planeado, ensayado, *deseado*.
—*"Estoy en el sofá, a solo cinco minutos de casa",* respondió él, con una foto de sí mismo: pecho peludo, abdomen plano pero definido, el pene semierecho entre los muslos, flácido pero prometedor.
—*"Maldición… pareces un dios del sexo",* tipeó ella, seguido de un audio grave y ronco: *"Quiero que me tomes ahora. Que me fregues hasta que llore. Pero primero… demuéstrame que sabes qué hacer con tus manos."*
Mateo prendió el ventilador, abrió la ventana para que entrara el aire tibio de junio, y se quitó la camiseta. Se sentó en la cama, espalda recta, piernas separadas, celular en modo cámara trasera. Se apuntó al pubis, al pene, al escroto.
—*"¿Así?"* —preguntó, con la voz más grave que jamás había usado.
La pantalla tembló. Lila respondió al instante:
—*"Sí… ahí está. Ahí está tu pene, gordo. Grande, medio erecto, las venas marcadas. Y esos cojones pesados… me encantan. Ahora, muéstrame cómo lo usas."*
Mateo se dio un masaje lento en el glande, con la palma húmeda de sudor. Se lamió los labios.
—*"Primero, lo lamo. Como a un caramelo.",* dijo, y bajó la cámara para que viera su boca acercándose. Se frotó el pene contra los labios, sintiendo el calor, la piel tirante. Luego, lo chupó con suavidad, desde la base hasta la cabeza, con un *chup* húmedo y lento.
—*"Mierda… mierda, Mateo",* jadeó Lila. La cámara de ella se movió. El fondo era su dormitorio: ropa tirada, luces tenues. Ella se quitó la camiseta de un golpe. Sus pechos salieron, grandes, naturales, con pezones que ya estaban duros como piedras. Con una mano se sostuvo el izquierdo, lo estiró, lo frotó entre los dedos.
—*"Mírame",* ordenó ella. *"Mira cómo me toco. Mira cómo me hago mojar."*
Mateo no parpadeó. La miró mientras con la punta de los dedos separaba los labios de su vagina. La piel era suave, oscura en los bordes, húmeda en el centro. Un hilo de líquido transparente bajaba por su muslo interior.
—*"Aquí",* susurró ella, mientras introducía un dedo, lento, hasta la segunda falange. *"Está cerrada… pero no por dentro. Mira cómo se abre."*
El pulgar de Lila presionó su clítoris. Un gemido salió de su garganta, gutural, sincero. Mateo sintió un nudo en la entrepierna. Su pene ya estaba totalmente duro, grueso, con la cabeza morada. La piel del escroto se había contraído, subiendo los cojones.
—*"Quiero que me jodas con eso",* dijo ella, sacando el dedo con un *glup* húmedo. *"Quiero sentir tu polla entrando, rompiéndome. Pero primero… déjame verte entrando en mí. Hazlo ahora."*
Mateo se colocó el celular en el regazo, apuntando a su entrepierna. Se tomó el pene con la mano derecha, lo sostuvo vertical. Con la izquierda, abrió las piernas más, como invitando.
—*"Aquí está. Todo mío. Todo para ti",* murmuró, mientras con la punta del pene rozaba la pantalla fría. *"¿Te gusta?"*
—*"Sí. Me encanta. Ahora… quédate quieto. Déjame prepararme."*
Lila se tumbó boca abajo sobre la cama, con la cabeza apoyada en las manos. Se levantó las caderas, abriendo las piernas. Con dos dedos separó sus labios vaginales, expuso su interior rosado y húmedo.
—*"Mira cómo me espero. Mira qué húmeda estoy por ti. Mira cómo se contrae por dentro… esperándote."*
Mateo tragó. El deseo lo golpeó como un puñal caliente. Se puso una mano entre las piernas, apretó el pene con fuerza, imaginando que era su mano la que lo sostendría dentro de Lila.
—*"¿Quieres que te lo meta todo?",* preguntó, con la voz rota.
—*"Sí. Quiero que me lo metas todo. Quiero que me rompas. Quiero que me dejes sin aliento. Quiero que me hagas gritar tu nombre hasta que se oiga en la ciudad."*
Mateo se acercó el celular. Sus ojos se fijaron en la pantalla: la vagina de Lila, abierta, brillante, *esperándolo*.
—*"Entonces… aquí voy",* dijo, y bajó la cámara.
En la pantalla, él ya no estaba. Solo se oía su respiración agitada, el sonido de la sábana al moverse, y luego…
—*"¡Ah! ¡Ah, joder!",* gritó Lila.
—*"¿Estás dentro?",* preguntó él, con voz temblorosa.
—*"Sí. Sí, está dentro. Muy adentro. Tú pene es grande… pero me abre como si fuera hecho para mí. Mierda, Mateo… muevete."*
Él se movió. Lento al principio, solo un empuje de caderas, haciendo que su pene entrara y saliera con un *glup* suave. Ella gimió. Luego más fuerte. Y luego…
—*"¡Sí! ¡Así! ¡Más rápido! ¡Dame todo lo que tienes!",* alzó la voz, con el cuerpo arqueado, los pechos golpeando contra la cama.
Mateo se puso de rodillas, agarró el celular con una mano, y con la otra siguió moviéndose, con fuerza, con ganas. Cada embestida era un empuje húmedo, húmedo, húmedo. El sonido de su piel contra la de ella, el roce de los cojones contra su clítoris, el sonido de la cama chirriando.
—*"¡Estoy cerca! ¡Estoy cerca!",* gritó Lila. *"¡No te detengas! ¡No pares!"*
Él no paró. Aceleró. La embistió con fuerza, una tras otra, hasta que ella soltó un grito agudo, desgarrado:
—*"¡MATEO! ¡MATEO! ¡MATEO!",* y su cuerpo se tensó, sus musculos se contrajeron, su vagina apretó como un puño húmedo el pene de él.
Mateo sintió el calor, el espasmo, el momento exacto en que su pene palpitó dentro de ella. No aguantó.
—*"¡Mierda! ¡Te voy a llenar!",* gruñó, y eyaculó. Calor. Volumen. Leche caliente que se derramó dentro de su vagina, contra su útero.
Lila lo sintió. Se relajó, con una sonrisa en la cara, el cuerpo temblando.
—*"Sí… sí… sí…",* susurró, mientras él seguía eyaculando, empujando, dándole todo.
Cuando terminó, Mateo se dejó caer sobre la cama, con el pene aún dentro de ella. El celular cayó al suelo. La pantalla seguía encendida.
—*"¿Me oyes?",* preguntó ella, con voz de sed.
—*"Sí",* respondió él, con la garganta seca.
—*"¿Lo hiciste?"*
—*"Sí. Te lo di todo. Todo mío."*
—*"Bien.",* dijo ella, y cerró la cámara.
El silencio llegó. Solo el ventilador. Solo la respiración pesada. Solo el cuerpo de Mateo, aún temblando, con el pene aún dentro de una mujer que no estaba allí, pero que lo había hecho *sentir* que sí.
¿Qué tanto te calentó?
Directo y físico. Me interesa el cuerpo, el deseo que no necesita explicación. Mis relatos van al grano.