El Cafecito con Caramelo y Voz de Trueno
Me llamo Valentina, pero vos me conocés como la chiquita del bar La Esquina —esa en la que hasta el mesero se llama a sí mismo “el guardián del espresso”. Yo sirvo…
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Protagonistas trans.
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Me llamo Valentina, pero vos me conocés como la chiquita del bar La Esquina —esa en la que hasta el mesero se llama a sí mismo “el guardián del espresso”. Yo sirvo…
La luz del sol aún no había alcanzado las fachadas polvorientas de la calle 21 cuando el olor a arepa recién hecha y café recién colado se mezcló con el perfume de…
Llegué a la fiesta a las once y pocos minutos, cuando aún el aire no se había calentado del todo por la multitud. Era un espacio pequeño, en el sótano de un antiguo cine…
La luz de la luna se colaba por las rendijas de las persianas de madera, cortando el cuarto en rayas doradas y azules, como si el cielo mismo estuviera jugando con su…
La lluvia golpeaba el cristal del bar como si quisiera entrar, y yo, sentado en el taburete del fondo, con el abrigo aún puesto, no hacía más que mirarla. Ella, detrás…
Apenas crucé la puerta del bar—ese lugar oscuro, con luces de neón rojo sangre y música de fondo que parecía latir dentro de los huesos—supe que esta noche no sería como…
La luz del atardecer se deslizaba por las rendijas de las persianas de madera en el departamento de Camila, teñida de ámbar suave, como si el sol mismo hubiera decidido…
La lluvia golpeaba suavemente los cristales del Café del Ángel, un local antiguo en el corazón de Medellín, donde las paredes de piedra vista y los suelos de madera…
Llegué a Punta del Este con el viento salado pegado a la piel y un billete de ida sin fecha de vuelo. Había dejado atrás Montevideo comoquiera se deja atrás una herida…
La primera vez que me vio con verga fue en el espejo del baño, bajo la luz amarilla del foco quemado. Yo aún no la conocía, pero ya me miraba como si me reconociera. Me…
La luz del amanecer se colaba por la rendija entre las cortinas de encaje del departamento pequeño, pero aún no había penetrado del todo en la habitación. Estaba todo en…
Me llamo Lucía. No me corrigen si decís “Lucas”, pero prefiero que me digas Lucía. No es que me cueste, es que merece la pena escuchar el nombre que elegí, como uno…
Yo no pensaba que iba a terminar en su cama. Pero Dani tenía esa manera de mirar, como si ya supiera lo que yo iba a hacer antes de que yo mismo lo supiera. Y yo, con…
A las 2:17 a.m., con el recuerdo del café amargo aún en la lengua y el silencio del apartamento envolviéndome como una manta húmeda, decido que hoy no esperaré más. No a…
Yo siempre he tenido el instinto de esconderme en los rincones tranquilos. En la fiesta de los viernes en el bar La Esquina, ese rincón era la puerta de madera oscura…
La lluvia golpeaba suave contra los cristales del balcón cuando entraste, mojado y sonriente, con esa camiseta oscura que se pegaba al pecho como una segunda piel. Me…
Eran las once y pico de la noche cuando Lucía subió las escaleras del edificio antiguo, con el pantalón vaquero ajustado en las nalgas y una bolsa de papel que olía a…
El portón de hierro forjado crujió suave, como si hubiera estado esperando ese momento, y Lucía subió las escaleras con el paso ligero de quien sabe que algo bueno se…
La ciudad de Medellín, ese día, respiraba con calma bajo una brisa tibia que arrastraba el aroma del suelo mojado. La lluvia había cesado hacía poco, y las calles…
La lluvia fina de junio pegaba a los vidrios del *El Jardín Oculto*, un bar de barrio en Belgrano R, donde el olor a cerveza oscura, a tabaco viejo y a café recién hecho…
La primera vez que la vi con claridad fue en la terraza, al atardecer. Ella estaba sentada en una hamaca de mimbre, con los pies descalzos apoyados en el suelo de…
Hoy cumplí treinta y cinco, y no fue como los otros años: sin celos, sin recuerdos de ex, sin ese vacío que siempre me acompañaba desde que me fui de casa a los…
Sí, la primera vez que la vi, ni me fijé: era apenas una silueta detrás de la ventana del departamento que quedaba vacío desde que se fue la vieja del tercer piso. Pero…
No sabía si llorar o gemir cuando sus dedos rozaron mi clítoris por primera vez. No era un clítoris falso, no era una ilusión, no era algo que me hubiera inventado por…
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