El primer encargo del cliente maduro
La puerta del estudio se abrió con un suave chasquido de madera envejecida, y Lucía entró con los tacones altos que chirriaron apenas sobre el parqué. La habitación olía…
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Ver las 29 categorías →El poder es el mejor afrodisíaco. Lujo, control y juegos donde yo pongo las reglas. Pasen, si se atreven.
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La puerta del estudio se abrió con un suave chasquido de madera envejecida, y Lucía entró con los tacones altos que chirriaron apenas sobre el parqué. La habitación olía…
Nunca volví a ver al hermano con el mismo respeto después de aquella noche. No fue una violencia, ni una traición. Fue una elección —lenta, deliberada, inevitable como…
La puerta de madera maciza se cerró con un clic suave tras ella, y el aire del estudio de yoga se volvió más denso, cargado de incienso y de promesa. Camille, de…
La luz del atardecer se deslizaba por las persianas de mimbre del salón de la casa de Barrio Norte, estampando rayas doradas sobre el piso de taracea. El aire olía a…
No supe que lo sentiría hasta que sus dedos rozaron mi muñeca mientras servía el whisky. No fue un accidente. Fue una advertencia. Una promesa. Mi hermano mayor, el…
La luz del sol se deslizaba por las rendijas de los estores semicerrados del estudio, dibujando rayas doradas sobre el suelo de roble pulido. El aire olía a madera…
La primera vez que sentí su verga挺挺 against my nalgas fue cuando mi esposo aún no había salido de la casa. Nos fuimos a cenar con los vecinos —ellos y su amiga que se…
Yo siempre he disfrutado del silencio de la oficina al final del día. El eco de los tacones se desvanece, los monitorizados se apagan con un suspiro y el aire se vuelve…
La luz del atardecer se derramaba por el salón como miel espesa, bañando los muebles de roble en tonos ámbar y dorado. En la pared del fondo, un espejo ovalado de marco…
La luz del atardecer se colaba por los ventanales de cristal esmerilado del *Hacienda Las Moras*, bañando en dorado suave el suelo de cantera. Doña Valeria —cuarenta y…
El sol se había escurrido ya tras los cerros de Cuernavaca, dejando en el cielo un rastro de naranja quemado y púrpura profundo, como si el propio día hubiera dejado su…
La primera vez que vi a Rafael, no lo vi de inmediato. Lo sentí antes: el ligero cambio en la temperatura del aire, como cuando una brisa recorre una habitación cerrada…
La puerta del estudio se cerró suavemente tras él, cortando el eco de la música y las risas del jardín. La habitación estaba iluminada apenas por la luz tenue de una…
La primera vez que vi a Lucía en persona fue en la casa de su hermana, hace tres años, en una cena de cumpleaños aburridísima. Ella estaba sentada en el sofá, con una…
En el rincón trasero del *Café de la Gaita*, donde el sol de mediodía apenas entraba por las ventanas empañadas y el aroma a granizado y pan de yuca se mezclaba con el…
El ascensor subía con su ritmo habitual: suave, silencioso, casi monótono. Clara ajustó la corbata de seda negra que llevaba puesta —no por estilo, sino porque la…
Yo nunca pensé que un viernes cualquiera me iba a cambiar la forma en que veo el mundo, y sobre todo, la forma en que me mira mi marido. Todo empezó porque mi vecina de…
La habitación olía a cera de ámbar y cuero envejecido. Luces bajas, apenas un par de velas de cera blanca sobre una mesa de roble macizo, proyectaban sombras largas que…
La casa era un viejo caserón de San Ángel, con pisos de cantera, techos altos y cortinas de seda que olían a perfume viejo. La señora Adriana, viuda desde hacía dos…
Desde su apartamento en el piso quince del edificio de lujo, Rodrigo tenía una vista privilegiada del atardecer sobre la ciudad. Pero no era el cielo teñido de rojo lo…
Yo, que he vivido entre sedas que acarician más que manos y espejos que devuelven solo lo que quiero ver, nunca creí que un cuerpo pudiera desarmarme con tanta lentitud.…
La primera vez que lo vi, supe que iba a tenerlo arrodillado. No por fuerza, sino por hambre. Por eso me gusta el poder: no se impone, se saborea. Y yo, desde el trono…
La primera vez que noté el cambio fue en el espejo del vestidor. No fue la ligera caída de los párpados ni la redondez más pronunciada en la cintura —esas son señales de…
La primera vez que lo vi sentado en el banco de madera del jardín del club de tenis, supuse que era un viejo cliente que había vuelto tras años de ausencia. No lo…
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