La huéspeda del cuarto oscuro
Hace tres noches que no duermo como debería. No desde que ella llegó. No desde que Natalia, con su mirada de humo y labios que parecen hechos para tragar más que…
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Ver las 29 categorías →Cuento desde adentro, en voz baja. Lo que una piensa, lo que una calla, lo que una termina haciendo cuando nadie mira.
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Hace tres noches que no duermo como debería. No desde que ella llegó. No desde que Natalia, con su mirada de humo y labios que parecen hechos para tragar más que…
La luz del atardecer entraba por el balcón abierto como un licor espeso, derramándose sobre el piso de madera. En ese resplandor amarillo, ella se desvestía con…
Me llamó Maya por su nombre completo, con esa entonación que solo reservamos para los días en que el tiempo se vuelve denso y lento, como miel derramada sobre una…
En el departamento del quinto piso, detrás de una cortina de lino claro que nunca se corría del todo, Lucía encendía el primer cigarrillo del día con un gesto lento,…
Me quedé sola en casa un viernes a las siete de la tarde, y ya desde que cerré la puerta con llave supe que no iba a salir. El aire olía a polvo caliente y a perfume…
En la ciudad de Medellín, donde el calor se enreda con la brisa de la montaña y el tiempo parece detenerse en los techos de teja roja, Lucía vivía en un apartamento del…
La casa estaba vacía, salvo por ellos dos. El sol se hundía en el horizonte como un disco sangrante, tiñendo de rojo anaranjado el cielo sobre el mar Caribe. Las olas…
Aún sentía el calor de la corrida en mi cara, los hilos de esperma deslizándose por mis mejillas, cayendo sobre mis pechos como si fueran gotas de un río espeso y tibio.…
La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por el resplandor azulado de la pantalla. Lucía sentada en la cama, con la espalda apoyada contra el cabecero de…
En el departamento del quinto piso, frente al edificio de ladrillo visto, una ventana sin cortinas se encendía todas las noches a las once y veintitrés. No era…
Yo nunca creí que algo así me pasaría a mí, la verdad. Siempre fui más de quedarme en mi cuarto, con mis libros, mis pensamientos y mi cuerpo que, aunque lo tengo bien…
La casa de la siesta era un templo de silencio, con las persianas entrecerradas y el aire espeso, como si el calor mismo tuviera peso. El reloj de péndulo en el pasillo…
Nunca pensé que un par de clases de tango me iban a cambiar la vida, pero aquí estoy, con las nalgas ardiendo y el corazón a mil por lo que pasó anoche con el profesor.…
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Soy menor — SalirSitio etiquetado con RTA · Compatible con control parental
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