Una tarde en casa de la vecina
3 minUna tarde en casa de la vecina
La lluvia golpeaba suavemente contra las ventanas del departamento 3B mientras Valeria ajustaba el cinturón de su bata de algodón, aún húmedo por el chaparrón repentino. Había llamado a su vecino del piso de enfrente —Mateo— para pedirle un clavito que le faltaba para colgar un cuadro. Él, con su sonrisa de luna llena y los ojos oscuros como el café recién hecho, había aparecido diez minutos después, con el clavo y una botella de vino tinto como disculpa.
—Me dijiste que no tenías clavos —dijo Valeria, abriendo la puerta con una sonrisa traviesa—. Pero no mencionaste vino.
—Bueno —Mateo se encogió de hombros—, y si te digo que también traje un abridor… ¿creerías que soy demasiado organizado?
Ella rió, dejándolo pasar. La casa olía a lavanda y a humedad. Él se sentó en el sofá, las rodillas separadas, las manos apoyadas sobre los muslos como si esperara una orden. Valeria le sirvió vino en dos copas, dejando que la luz del atardecer le acariciara los hombros desnudos bajo la tela fina del camisón. Él no bajó la vista, pero su garganta se movió con un trago silencioso.
—¿Te molesta si me quito los calcetines? —preguntó Mateo—. Están empapados.
—Claro que no —respondió ella—. De hecho, me encanta ver cómo se humedecen las suelas en mi alfombra.
El silencio se volvió denso, pero no incómodo. Solo cargado. Como cuando el aire se carga antes de un relámpago.
—¿Y si llamamos a Sofía? —dijo Valeria de pronto, tomándose un sorbo de vino—. Dije ayer que le iba a prestar los audífonos de mi hermana. Pero… ya me olvidé.
Mateo frunció el ceño, fingiendo preocupación.
—¿Sofía? ¿Tu mejor amiga? ¿La que una vez me ayudó a cargar el sillón hasta tu balcón?
—La misma —asintió ella—. Aunque hoy no fue tan difícil encontrarla. Estaba sentada en el banco del parque, tomando un helado de vainilla. Me dijo que iba a pasar por acá esta tarde.
—Entonces —Mateo dejó la copa sobre la mesa baja, con lentitud—, ¿esperas que venga?
—No *espero* —corrigió Valeria, acercándose al sofá—. *Sé* que vendrá. Y cuando llegue… me gustaría que nos ayudara a colgar ese cuadro.
Mateo entrecerró los ojos. Sabía de qué cuadro hablaba. El grande, con el marco dorado, colgado de un alambre que ya no aguantaba más. Pero también sabía que Valeria y Sofía habían estado juntas esa mañana en la cocina, riéndose mientras preparaban café, con los dedos de una rozando los de la otra por error… o no tanto.
El timbre sonó a las 6:17 p.m., exacto como un reloj suizo.
Valeria se levantó con elegancia, el camisón le subió hasta la mitad del muslo. Atravesó el pasillo sin prisa, y al abrir, Sofía entró con una sonrisa que ocultaba una promesa.
—Perdón por llegar tan tarde —dijo Sofía, con el pelo aún ligeramente mojado del camino—. Pero el semáforo no me dejó pasar.
—No te preocupes —respondió Valeria—. Estábamos a punto de empezar.
Sofía se quitó la campera, dejando al descubierto una camiseta ajustada que marcaba la curva de sus pechos y el hueco de su cintura. Mateo ya no fingía no mirar. Su respiración había cambiado, más profunda, más pausada.
—¿Vino? —preguntó Valeria.
—Claro —dijo Sofía, acercándose a Mateo—. Siempre que hay una buena compañía.
Se sentó en el extremo opuesto del sofá, pero no separó las piernas. Las cruzó con naturalidad, dejando que el muslo rozara el muslo de Mateo. Él no retiró la suya. Valeria observó todo desde el centro, con los codos apoyados en las rodillas, los dedos entrelazados.
—Entonces —dijo, como si repartiera cartas—, ¿empezamos con el cuadro? O… ¿prefieren primero el vino?
Nadie respondió de inmediato. Solo el sonido de la lluvia, el tacto de la tela contra la piel, el calor que ya no venía del exterior.
Valeria se inclinó hacia adelante, lentamente, hasta que sus labios rozaron el oído de Mateo.
—Tú primero —susurró.
Él giró la cabeza, sus ojos encontrando los de Sofía, que asintió con una sonrisa que no se borró hasta que Valeria volvió a hablar:
—¿O creen que deberíamos empezar por otra cosa?
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Sexo con sonrisa. Me gustan las situaciones cotidianas que se salen de control, el humor y lo que pasa cuando dos personas se atreven.