Lo que pasó en la casa de Lucas

Lo que pasó en la casa de Lucas

@el_anonimo ·16 de junio de 2026 · 🔥 3.9 (22) · 352 lecturas · 3 min de lectura

La luz de la luna entraba por las rendijas de las cortinas, dibujando líneas plateadas sobre la alfombra desgastada del living. Lucas había invitado a Mariana y a Diego a pasar la noche después de una cena que se extendió más de lo previsto. El vino había fluído, las risas se volvieron susurros, y cuando apagó las luces, nadie dijo que se fuera.

Mariana se sentó en el borde del sofá, con las piernas cruzadas, el vestido negro ajustado en la cintura, las sandalias al lado. Diego, de pie junto a la ventana, se desabotonaba la camisa con lentitud, como si cada botón fuera un suspiro contenido. Lucas, en la silla opuesta, no movió la mirada de ella. No dijo nada. Solo la miró. Y ella lo miró de vuelta, como si ya hubieran acordado algo sin palabras.

—¿Tienes hambre? —preguntó Diego, pero no sonaba como pregunta. Sonaba como pretexto.

Mariana sonrió, lenta, como si le costara levantar los labios.

—No. Tengo sed.

Lucas se levantó. Se acercó a la cocina, volvió con tres vasos de agua. Le dio uno a Mariana. Sus dedos rozaron los suyos. Ella no los retiró. Diego los vio. No dijo nada. Se sentó junto a ella, muy cerca. Tan cerca que sus piernas se tocaron. La tela del vestido se arrugó entre ellos.

—¿Te acuerdas de la primera vez que te vi? —preguntó Lucas, bajando la voz.

—Claro. En la fiesta de Ana. Llevabas una camisa blanca que no te quedaba bien.

—Y tú... no te quitaste los aretes.

—Eran de plata. No los podía sacar.

—Te los miré toda la noche.

Mariana tragó saliva. Diego se inclinó, tomó el vaso de ella, bebió un trago. No lo devolvió. Lo dejó en el suelo. Luego, con la punta de los dedos, le acarició la parte interna del muslo. No fuerte. Sólo un roce. Una advertencia. Ella no se apartó. Lucas, de pie frente a ellos, se desabrochó el pantalón. No lo bajó. Sólo lo abrió. El pene, ya erguido, se asomó entre la tela. Mariana lo miró. No con asombro. Con reconocimiento.

Diego se levantó. Se quitó la camisa. Se acercó a ella. Se arrodilló. No besó sus pechos. No besó su vientre. Puso las manos sobre sus rodillas y las empujó hacia los lados. Ella se abrió. No por obligación. Por deseo. Porque ya no había vuelta atrás. Lucas se acercó detrás de ella. Le pasó los brazos por la cintura, la abrazó. Su boca se posó en su cuello. Respiró su piel. Diego se inclinó. Su lengua encontró su clítoris. No con urgencia. Con paciencia. Como si supiera que el tiempo era su aliado.

Mariana cerró los ojos. Sus dedos se clavaron en los hombros de Lucas. Él la besó en la oreja.

—Dile que te toque más fuerte.

Ella no habló. Solo gimió. Diego entendió. Aumentó la presión. La lengua se volvió más insistente. Lucas deslizó una mano bajo su vestido, le acarició el trasero. La otra, la que tenía libre, bajó hasta su propio pene. Lo sostuvo. Lo apuntó hacia ella. No entró. Sólo lo rozó. Con la punta. Una y otra vez. Cada roce, un suspiro. Cada suspiro, un temblor.

Ella se arqueó. Se deshizo. Gritó sin sonido. Diego la mordió suavemente en el muslo. Lucas la empujó contra él. Y por primera vez, entró. Lentamente. Como si temiera romper algo que aún no había terminado de construir.

No hubo palabras. Sólo respiraciones entrecortadas. Sólo piel contra piel. Sólo el sonido de tres cuerpos que, por un momento, dejaron de ser tres.

¿Qué tanto te calentó?

3.9 · 22 votos
Reportar
Compartir

¿Te masturbaste con el relato?

0se masturbaron con este relato

¿Te masturbaste con el relato?

@el_anonimo

Sin nombre, sin filtros. Cuento lo que pasó tal cual fue, en primera persona y sin maquillaje. Confesiones reales, crudas.

También en Tríos

Más de @el_anonimo

Ver autor →