La fiesta en casa de Lety

@marco_vidal ·5 de junio de 2026 · ★ 0.0 (0) · 0 lecturas

La música retumbaba en el patio trasero de la casa de Lety, donde un grupo de amigos se había juntado después del trabajo. Las botellas de cerveza y tequila iban y venían, las risas subían de tono conforme caía la noche. Marco, de camisa abierta y sudor en el pecho, platicaba con Sandra, una tipa menuda de piernas torneadas y boca grande que no se quedaba callada ni un segundo. A su lado, Lety, la anfitriona, se movía con desparpajo, en shorts cortos que dejaban ver el inicio de sus nalgas prietas.

—¿Y qué, Marco? ¿Otra vez soltero? —preguntó Sandra, acercándose más de lo necesario mientras le pasaba un trago.

—Pues sí, ya ni ganas me dan de buscar. Mejor me quedo con lo que tengo —dijo él, dándole un apretón a su entrepierna con una sonrisa burlona.

Lety se acercó con dos copas en la mano, el escote sudado, el pelo pegado a las sienes.

—¿Y si mejor dejas de hablar y empiezas a coger? —le soltó, pasándole un trago de tequila doble.

Marco se lo bebió de un jalón. El alcohol le quemó la garganta, pero el calor que ya traía por dentro se encendió más. Las dos mujeres se miraron, como si compartieran un secreto. Sandra le puso una mano en el muslo, lento, deslizándola hacia arriba.

—¿Y si nos vamos a mi cuarto? —dijo Lety, bajando la voz.

—¿Las dos? —preguntó Marco, arqueando una ceja.

—Las dos —respondió Sandra, mordiéndose el labio.

Sin más, los tres se levantaron y entraron a la casa. La música del patio se fue quedando atrás. En la habitación, las luces bajas, el aire denso. Lety cerró la puerta con seguro.

—Quítate la ropa —ordenó Sandra, empujándolo suavemente contra la pared.

Marco no se hizo rogar. Se despojó de la camisa, luego del pantalón, dejando al descubierto unos bóxers ajustados que ya marcaban su verga dura. Lety se arrodilló frente a él, le bajó la ropa interior y se la metió entera a la boca.

—Chinga, qué buena —murmuró Sandra, viéndola chupar con hambre.

Marco echó la cabeza atrás. La lengua de Lety subía y bajaba por su verga, la saliva le chorreaba por los huevos. Sandra, mientras tanto, se quitó el vestido y quedó en brasier y tanga. Se acercó, le puso las tetas sobre el pecho, frotándose contra él.

—Quiero que me cojas —le dijo al oído—. Pero primero, quiero ver cómo se la chupa.

Lety no se detuvo. Chupaba con ganas, con la boca abierta, tragando cada centímetro. Marco le puso las manos en la cabeza, empezó a follarle la boca con empujones cortos, fuertes.

—Sí, así, cabrón, échamela hasta la garganta —dijo Lety, entre jadeos.

Sandra se quitó el brasier, se sentó en la cama y se metió los dedos a la tanga.

—¿Y si mejor me la metes a mí? —preguntó, abriendo las piernas.

Marco se soltó de la boca de Lety, se acercó a la cama y le bajó la tanga de un jalón. Sandra tenía el coño hinchado, mojado, con los labios separados. Se lo abrió con dos dedos.

—Métemela ya —pidió.

Él se arrodilló, le dio un beso largo en el clítoris, luego le metió la lengua entera, lamiendo profundo. Sandra gritó, se aferró a las sábanas. Lety, desde atrás, le mordía el cuello, le pellizcaba los pezones.

—Quiero verlo entrar —dijo, arrodillándose a un lado.

Marco se levantó, se subió a la cama, se puso encima de Sandra. Le separó las piernas más, alineó su verga con la entrada y empujó de un solo jalón.

—¡Ay, sí, cabrón, así! —gritó Sandra, arqueando la espalda.

Él empezó a cogerla con fuerza, las nalgas tensas, el sudor bajándole por la espalda. Lety, desde un lado, le chupaba un pezón a Sandra, con la otra mano se metía los dedos al coño.

—¿Y si cambio? —dijo de pronto, poniéndose de cuatro.

Marco no respondió. Se salió de Sandra, se movió hacia Lety, le separó las nalgas y le metió la lengua al culo. Ella se quejó de gusto, se agarró las sábanas.

—Sí, cabrón, así, chíngame el culo con la lengua —gruñó.

Sandra, aún jadeante, se acercó y le chupó un pecho a Lety mientras Marco seguía lamiendo. Luego, sin avisar, se puso detrás de él, le tomó la verga con la mano y se la metió entera a la boca.

—¡Qué cabrona! —gritó Marco, sintiendo el calor húmedo de su boca.

Lety se dio vuelta, se sentó sobre su cara. Marco le metió la lengua al coño, sin parar, mientras Sandra le chupaba más fuerte.

—Voy a correrme —dijo Sandra, separándose.

—Entonces cojamos los tres —dijo Lety, bajándose de un salto.

Se acostó en la cama, boca arriba, piernas abiertas. Marco se subió encima, le metió la verga de un solo empujón. Lety gritó, le clavó las uñas en la espalda. Sandra, desde atrás, le mordía un hombro, le acariciaba las nalgas.

—¡Más fuerte, cabrón, métemela más fuerte! —gritó Lety, con las tetas rebotando.

Marco aumentó el ritmo, los empujones eran brutos, profundos. Sandra, excitada, se subió encima de Lety, sentándose sobre su cara. Lety le chupó el coño sin parar, con las manos en sus nalgas.

—¡Ya, ya! —gritó Sandra, temblando.

Marco sintió que no aguantaba más. Se salió de Lety, se puso entre sus tetas, les echó dos jalones y se corrió en su cara, en el pelo, en la frente. Lety se reía, con la verga chorreando semen sobre ella.

—Qué cabrón —dijo, limpiándose con la mano.

Sandra se bajó, se acostó a un lado, respirando agitada. Marco cayó sobre la cama, sudoroso, con la respiración entrecortada.

—¿Y mañana? —preguntó Sandra, con una sonrisa pícara.

—Mañana es viernes —respondió Lety—. Y hay otra fiesta.

Marco sonrió.

—Entonces mejor nos ahorramos algo para después.

Las dos mujeres rieron. La noche apenas empezaba.

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