La fiesta del cumpleaños de la vecina

La fiesta del cumpleaños de la vecina

@valentina_ruiz ·12 de junio de 2026 · 🔥 3.9 (8) · 190 lecturas · 7 min de lectura

La casa de la señora Valeria, en el barrio El Prado, olía a arepas recién hechas, ron con panela y sudor de gente buena. Era el cumpleaños número 36 de Valeria, y como siempre, había invitado a su círculo más cercano —pero esta vez, algo había cambiado. El mensaje del grupo de WhatsApp había sido claro: “Hoy no hay regalos. Solo ganas, ganas y más ganas. Pónganse cómodos y despiertos”.

Era sábado por la noche, y el jardín trasero, con su piso de cemento pulido y luces de neón colgadas entre los árboles, se había convertido en un escenario de puro calor. La música no paraba: reggaetón viejo, cumbia colombiana y un toque de champeta suave de fondo. Valeria, con su body negro ajustado que dejaba ver su ombligo y el contorno de su culo redondo y firme, movía la cadera al ritmo de Maluma, los vasos de licor en la mano izquierda y una sonrisa traviesa en los labios.

—¡Oigan, que esto no es una misa, sino una celebración de la carne! —gritó, con su voz fuerte y clara, mientras se acercaba a Juan Diego, el vecino del cuarto piso, que ya tenía dos cervezas vacías en la mesa y el pelo humedecido por el sudor en la frente.

Juan Diego, alto, de hombros anchos y un pito grande que siempre se notaba aún con pantalones anchos, sonrió y le palmeó la espalda. —Valeria, ¿usted qué quiere que le haga hoy? ¿Que le mame los pies o que le saque el alma por la oreja?

Ella le guiñó un ojo, le agarró la botella de ron y le dio un trago largo antes de dárselo de vuelta. —Primero, que me lo demuestres. Segundo, que no te rindas antes que yo.

Mientras tanto, en la escalera que llevaba al sótano —el “cuarto de juegos”, como lo llamaban con picardía—, dos mujeres ya estaban subiendo: Camila y Lucía. Camila, rubia, con tetas grandes y un culo que parecía hecho a mano por un escultor paisa, llevaba shorts cortos y una blusa holgada que apenas contenía sus pechos. Lucía, morena, con piernas largas, una vagina peluda y natural y una boca que nunca dejaba de sonreír, caminaba con esa seguridad de quien sabe exactamente qué quiere y cómo conseguirla.

—¿Y Valeria dónde está? —preguntó Lucía, mientras se quitaba la blusa y la dejaba sobre una silla del comedor.

—En el jardín, follando a Juan Diego contra la pared del garaje —dijo Camila, con una risita baja y sin sorpresa.

—¡Ah, qué rico! —exclamó Lucía, con ese tono de quien ya se había enterado del plan y lo estaba disfrutando anticipadamente.

Subieron al sótano, donde ya había otro par: Andrés y Felipe. Andrés, peluca pelirroja, tatuajes en los brazos, con un pito fino pero largo y una boca que no dejaba de sonreír, estaba sentado en una silla, mientras Felipe, un hombre alto, moreno, con un culo apretado y un pito grueso que parecía salir de una novela erótica de los años 90, le chupaba la lengua mientras le pasaba las manos por el pecho.

—¿A qué vienen ustedes dos? —preguntó Andrés, sin soltar la lengua de Felipe, pero con los ojos abiertos y brillantes.

—A unirnos al coro —dijo Lucía, y se sentó en el suelo, cruzando las piernas, pero con las manos ya metidas en los bolsillos traseros de su pantalón.

Valeria entró al sótano poco después, con el cuerpo cubierto ahora solo por un body transparente que dejaba ver cada curva, cada raya del culo, cada pezón oscuro y endurecido. Se quitó el body de un solo movimiento, dejándolo caer al suelo, y se acercó a Juan Diego, que ya estaba sin camisa, con el pene medio tieso por el calor y la emoción.

—¿Ya te cansaste de la pared? —le preguntó, mientras le acariciaba el pene con la punta de los dedos.

—No, pero me encantaría probar otra superficie —respondió él, con la voz ronca.

Valeria le guiñó el ojo y le indicó con la cabeza hacia el sofá grande, de cuero negro, ya cubierto con una sábana blanca.

—Ahí te espero, pero primero voy a hacerle compañía a Lucía.

Se sentó al lado de Lucía y le quitó el pantalón, dejando ver su vagina peluda y húmeda, con el clítoris ya hinchado por el anticipation. Valeria le sonrió, le metió una mano entre las piernas y empezó a frotar su dedo índice contra el clítoris, mientras su otra mano se deslizaba por el muslo de Lucía, subiendo hasta su culo, que apretó con fuerza.

—Mira cómo le gusta, Valeria —dijo Lucía, con la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados, y una sonrisa torcida.

—Está rica, ¿verdad? —dijo Valeria, mientras le metía un dedo dentro de la vagina, lentamente, mientras su otro dedo seguía estimulando el clítoris.

Lucía gimió, bajó la cabeza y le besó el cuello.

En ese momento, Juan Diego ya estaba en el sofá, con la polla dura y brillante por el pre-cum, y Andrés lo estaba chupando con devoción, con la lengua moviéndose de abajo hacia arriba, lamientas rápidos y profundos, mientras con la mano le masajeaba los testículos.

—¡Aww, mijo, qué rico! —dijo Andrés, mientras tragaba el pene entero hasta la raíz.

Felipe, que ya estaba arrodillado frente a Camila, le estaba chupando los pechos, uno con la boca, el otro con la mano, mientras con la lengua le lamía el pezón como si fuera una golosina. Camila, con la cabeza hacia atrás, las manos en el pelo de Felipe, gimió:

—¡Sí, Felipe, sí, chupámelos más fuerte!

Valeria, ahora con los dos dedos dentro de Lucía, moviéndose al ritmo de la música, la miró y le dijo:

—¿Quieres que te meta la lengua ahí adentro?

—¡Sí, Valeria! ¡Dámela entera!

Valeria se levantó, se puso de rodillas frente a Lucía y le separó los labios de la vagina con las manos, y metió la lengua, lamiendo con fuerza, subiendo hasta el clítoris, bajando hasta el ano, y volviendo a subir. Lucía se retorcía, gritaba, sudaba.

—¡Aww, que rico! ¡Me está haciendo perder la cabeza!

Juan Diego, que ya estaba listo, se levantó del sofá, tomó a Camila de la cintura y la puso de pie frente a él.

—¿Quieres que te meta fuerte o que te haga gemir hasta que no puedas más?

—Fuerte —dijo Camila, con la voz quebrada.

Él la levantó, le puso una pierna en la cadera y empujó su pene dentro de su vagina con un movimiento brusco. Camila gritó, como si le hubieran pinchado, pero con una sonrisa en la cara.

—¡Aww, qué rico! ¡Está enorme!

Juan Diego empezó a moverse, con estocadas profundas, haciendo que el sofá crujió como si fuera a romperse. Valeria, sin dejar de lamer a Lucía, levantó la cabeza y los miró.

—¡Miren eso! ¡Están puro fuego!

Lucía, con los ojos cerrados, le dijo a Valeria:

—Tú, ahora conmigo. Quiero sentir tu polla.

—¿Mi polla? —preguntó Valeria, con una risa.

—Sí, la que tienes debajo del body. ¿No me digas que no la usas?

Valeria se levantó, se quitó el body (que ya estaba medio en el suelo), y se puso frente a Lucía. Pero no tenía pene. Era mujer, con vagina, con pechos, con un cuerpo de mujer. Lucía le sonrió, le palmeó la cara.

—No, no tu polla. Tu lengua. Me la metiste hace un momento, pero quiero más.

Valeria se rió, le besó la frente y volvió a meter la lengua.

En ese momento, Felipe se levantó del sofá, con el pene saliendo de la vagina de Camila, goteando leche blanca, y se acercó a Juan Diego.

—¿Te gusto si te fago por atrás?

Juan Diego lo miró, sonrió y se puso de rodillas sobre el sofá.

—Sí, papi, dámela fuerte.

Felipe le abrió las nalgas, le metió un dedo en el ano, luego dos, y cuando lo sintió relajado, le puso la punta del pene en la entrada y lo empujó todo adentro. Juan Diego gritó, pero no de dolor, sino de placer.

—¡Aww, qué rico! ¡Está tan apretado!

Valeria se separó de Lucía, se acercó a Camila, que ya estaba sentada en el sofá, con las piernas abiertas, y le metió un dedo en la vagina, mientras con la otra mano le acariciaba el clítoris.

—¿Estás llena?

—Sí, pero quiero más —dijo

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@valentina_ruiz

Sexo con sonrisa. Me gustan las situaciones cotidianas que se salen de control, el humor y lo que pasa cuando dos personas se atreven.

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