El Juego del Tequila y las Nalgas
3 minEl Juego del Tequila y las Nalgas
La fiesta en el rooftop del Condeso estaba a punto de explotar. No por la música —aunque los beats del DJ flotaban como humo de cigarro—, sino por el aire cargado, espeso, que ya no era solo calor de verano, sino de piel sudorosa y miradas que se rozaban como cerillas a punto de encenderse. Valeria, con su blusa blanca abierta hasta el ombligo y una falda plisada que dejaba entrever el borde de una tanga de encaje negro, se apoyó en el barandal, mirando la ciudad que se extendía como un alfombra de luces. Detrás de ella, dos mujeres y un hombre —todos amigos desde la universidad, todos con ganas de romper la rutina— la observaban sin disimulo.
—¿Te atreves? —preguntó Marco, acercándose con dos vasos de tequila reposado en la mano, el hielo crujía como huesos rotos.
Valeria giró lentamente, tomando uno sin soltarle la mirada. —Sí —dijo, y bebió de un trago, dejando el calor del aguamiel y el alcohol colarse por su garganta hasta el vientre.
Sofía, la tercera en el trío, se acercó por detrás, sus dedos con uñas pintadas de rojo cobalto pasaron suavemente por los hombros de Valeria antes de deslizarse hacia abajo, hasta sus caderas. —¿O no te animas? —le susurró al oído, con esa sonrisa que prometía desafío, no amenaza.
—Yo ya te vi con los ojos cerrados la otra noche —murmuró Valeria, sin apartar la vista de Marco—. Esa camiseta negra que te ponías… *chingadera*.
Marco se rió, bajo, gutural. —Y tú con esa falda que te subías cada vez que te agachabas. Me tenías loco desde el primer día.
Sofía se apartó un poco, dejando que su cuerpo rozara el de Valeria mientras se inclinaba hacia adelante, su pecho rozando la espalda de su amiga. —Entonces ¿por qué no lo hacemos aquí? —sugirió, y con la punta de la uña, dibujó un círculo sobre la nalgua izquierda de Valeria.
La reacción fue inmediata: un escalofrío que recorrió la columna de Valeria, una respiración entrecortada, una sonrisa que ya no era solo picardía, sino promesa. —Aquí, bajo las luces de la ciudad… ¿te pones nerviosa? —preguntó Marco, acercándose, sus manos ahora a cada lado de la cintura de Valeria.
—Yo no me pongo nerviosa —mintió, pero su voz tembló apenas—. Me pongo *ardiente*.
Sofía susurró algo en su oído, tan bajo que apenas lo escuchó: *“Abre las piernas, valentina. Solo un poco. Solo para sentir el aire…”*
Y ella lo hizo. No de forma obvia, no de manera provocadora, sino con la naturalidad de quien ajusta su postura, pero con una intención clara: la falda se subió un par de centímetros, dejando al descubierto el muslo, la curva suave hacia la ingle, el borde del encaje negro que se mecía con el viento. Marco respiró hondo. Sofía soltó un suspiro ahogado.
—¿Y si…? —empezó Valeria, girándose ahora hacia ambos, con una sonrisa traviesa— ¿si jugamos al tequila… pero con las manos?
—Diles que sí —dijo Marco, tomando suavemente una de las manos de Valeria y llevándosela a su propio pecho—. Me estás matando.
Sofía se acercó, colocando su propia mano sobre el muslo de Valeria, con lentitud, con intención, y bajándola hasta la rodilla antes de subir de nuevo, rozando el interior del muslo, más cerca de lo que ya casi era *ahí*, donde todo empezaba a latir más fuerte.
—No te apresures —le dijo Sofía—. Que esto es como el tequila: se bebe con calma, se siente todo, y luego… *se chinga*.
Valeria rió, un poco nerviosa, un poco emocionada, y cuando Marco bajó la mano hasta su cintura y la apretó con ternura y deseo a la vez, supo que no había vuelta atrás. Que esa noche, bajo el cielo de la ciudad, entre risas, tequila y miradas que ya no se ocultaban, todo iba a suceder… y nadie se arrepentiría.
La fiesta seguía sonando, pero ahora, entre los latidos de su corazón, escuchaba algo más: el susurro del deseo, el roce de piel, el eco de una promesa hecha con el dedo índice de Marco pasando lentamente sobre su labio superior, y el beso que no llegó a tocarlo, pero que todas sabían que vendría.
¿Qué tanto te calentó?
Sexo con sonrisa. Me gustan las situaciones cotidianas que se salen de control, el humor y lo que pasa cuando dos personas se atreven.