Una noche con la vecina del piso de arriba

Una noche con la vecina del piso de arriba

@tomas_leon ·5 de julio de 2026 · 🔥 4.3 (38) · 28 lecturas · 5 min de lectura

La vecina del piso de arriba se llamaba Valeria, y desde que se mudó hacía tres meses, Tomas le había tenido ganas. No por curiosidad ni por rumores —porque en el edificio yacorrían cosas—, sino porque la había visto dos veces con pantalones ajustados, la camisa media abierta al viento, y una risa que sonaba como un trueno suave después de una tormenta. Él, Tomas, era alto, moreno, de manos gruesas y mirada directa, y no le gustaba andarse con rodeos.

La primera vez que hablaron fue en el ascensor, cuando la llave de su apartamento se le cayó justo cuando ella iba a salir.

—Ah, disculpe, ¿le ayudo? —preguntó él, agachándose con la mirada fija en el culo que le temblaba un poco por el esfuerzo.

Ella lo miró sin rubor, con los labios entreabiertos y una sonrisa de poca vergüenza.

—Sí, gracias… pero no me haga esperar mucho, que tengo una cita —dijo, y le guiñó un ojo mientras recogía las llaves.

Tomas no se olvidó de eso. No era un hombre de mucho habla, pero cuando algo le gustaba, lo perseguía con la mirada, con el silencio, con la paciencia de quien sabe que el tiempo le juega a favor.

Una noche, a las once y media, sonó el timbre.

Él estaba en calzones, con una cerveza helada en la mano y la tele encendida a volumen bajo. Abrió sin pensarlo, sin mirar por la mirilla.

Valeria estaba ahí, vestida con una blusa blanca semitransparente, sin sujetador, y una falda corta que dejaba ver la curva negra de su vulva entre el tejido.

—¿Te importa si me quedo un rato? —preguntó, con la voz ronca, los ojos húmedos, el aliento cargado de ron y algo dulce—. Mi novio me dejó hace una hora. Y no tengo ganas de estar sola.

Tomas no dijo nada. Simplemente abrió más la puerta y se apartó, dejándola pasar.

Ella entró sin prisa, con los talones marcando el piso como si fuera suyo. Se detuvo frente a él, lo miró de arriba abajo, y soltó una risita baja:

—Ay, pero si ya te tenías guardado para esto, ¿verdad, mijo?

—Sí —respondió él, sin vacilar—. Desde que te vi con esos pantalones.

Ella se acercó, lo rozó con los pechos, y le pasó la lengua por el cuello, lento, saboreando.

—Mira que soy muy mala —susurró—. Si te mueres por mí, no te prometo nada.

—Yo no pido promesas —dijo Tomas, agarrotando las manos—. Solo pido que me dejes meterle hasta que te olvides de tu nombre.

Ella soltó una carcajada y lo empujó contra la pared. Lo besó con furia, la lengua metiéndole hasta la garganta, mientras le arrancaba la camisa con los dientes.

—Qué rico hueles —murmuró, hurgándole el ombligo con la punta de la lengua—. Como sudor, cerveza y maldad.

Tomas le agarró las caderas, la apretó contra su entrepierna, donde ya le temblaba el pito duro, calentito, listo para explotar.

—Vamos a la cama —dijo.

Ella no respondió. Sólo le jaló del cuello y lo arrastró hacia su propio cuarto, que estaba a dos metros del suyo, en el piso de arriba.

El cuarto olía a jazmín y sudor, a perfume caro y deseo recién encendido. Ella se dejó caer en la cama, de espaldas, las piernas separadas, las manos detrás de la cabeza, los pechos subiendo y bajando con la respiración agitada.

—Mira —dijo—. No soy buena con los rodeos. Quiero que me metas el pito como si no hubiera mañana.

Tomas se arrodilló entre sus piernas, le subió la falda con la punta de los dedos, y se quedó quieto, viendo su vulva desnuda. Era clara, húmeda, con los labios rosados y hinchados, y un pequeño clítoris que palpitaba al ritmo de su nerviosismo.

—Ay, pero si ya te mojaste —dijo él, acariciándole el monte de Venus con la palma—. Ya me estabas esperando.

—Sí —confesó ella, arqueando la cintura—. Pero no tanto como tú me estás esperando a mí.

Él se levantó, se despojó de los calzones, y se puso de pie frente a ella, con el pene tieso, la cabeza oscura, la piel tirante, goteando un poco por el prepucio.

—¿Te gusta cómo se ve? —preguntó, agarrándolo por la base y frotándolo contra sus propios labios, mojándolo con su saliva.

—Sí —gimió ella—. Mira que es un pito de verdad. Grande, fuerte, para meter y no soltar.

Tomas se inclinó, le abrió los labios con los dedos, y se metió la lengua entre ellos, lamiéndole el clítoris con fuerza, como si quisiera arrancárselo. Ella gritó, una palabra que no alcanzó a entender, pero que sonó como un grito de guerra.

—Mamá mía —dijo—, qué rico te sabes.

Ella lo jaló de los cabellos y lo tiró sobre ella.

—Ahora —ordenó—. Que ya no aguanto.

Él se posicionó, rozó la punta de su pene contra su entrada, sintió la humedad, el calor, la urgencia.

—¿Segura? —preguntó, mientras ella le arañaba la espalda.

—¡Metemelo ya, imbécil!

Tomas se empujó hacia adentro, con un movimiento seco, sin pausa, sin miedo. Ella gritó, los ojos se le pusieron blancos, y sus dedos se cerraron como garras en sus brazos.

—¡Ay, Dios! —sollozó—. ¡Tanto tiempo sin sentir uno así!

Él no respondió. Solo empezó a moverse, con golpes cortos, después más largos, más fuertes, cada vez más profundo. Ella le pegaba los muslos a sus caderas, lo jalaba hacia ella, le mordía los hombros, le lamió el cuello, y cuando sintió que se venía, lo gritó como una maldición:

—¡Voy a venir, Tomas! ¡Voy a venir y te juro que me muero!

Él le agarró el culo con ambas manos, se lo apretó hasta hacerle sangre, y se metió hasta la raíz, con un último empujón seco, y soltó dentro de ella todo lo que tenía.

—¡Ay, mijo! —gimió ella, con el cuerpo temblando—. ¡Me lo has llenado todo!

Se quedaron quietos un rato, sudados, agotados, pero conectados. Ella le acarició el pelo, le besó la frente, y le dijo:

—Mañana, a la misma hora… ¿te acuerdas de mi cita?

Tomas sonrió, le besó el cuello, y le metió la mano entre las piernas, donde aún estaba húmeda, donde aún palpitaba su pene dentro de su cuerpo.

—Sí —dijo—. Mañana a la misma hora. Pero esta vez, te voy a hacer llorar de tanto que te voy a mamar.

Ella rió, low, con los ojos cerrados, y le susurró:

—Pues ven, mijo. Que hoy soy toda tuya.

¿Qué tanto te calentó?

4.3 · 38 votos
Reportar
Compartir

¿Te masturbaste con el relato?

0se masturbaron con este relato

¿Te masturbaste con el relato?

@tomas_leon

Directo y físico. Me interesa el cuerpo, el deseo que no necesita explicación. Mis relatos van al grano.

También en Microrrelatos

Más de @tomas_leon

Ver autor →