El Doble Juego en la Taberna del Ángel

@marco_vidal ·20 de mayo de 2026 · ★ 4.6 (40) · 644 lecturas · 4 min de lectura

Yo siempre supe que me gustaban los hombres, pero nunca imaginé que un viernes cualquiera, en la Taberna del Ángel, con el tequila quemándome la garganta y el olor a cerveza barata pegado al aire, me encontraría con las manos temblorosas y la verga dura por dos cuerpos a la vez.

Ella se llamaba Camila, una morena de ojos verdes que brillaban como chispas cuando sonreía. Yo la conocía desde la universidad, cuando ella estudiaba diseño y yo ya andaba metido en la construcción. Nunca fuimos más que amigos… hasta esa noche. Llegó sola, se sentó a mi lado y me dijo, con ese tono de voz que ya me conocía: “¿Tú sí sabes beber, Marco, o ya te diste por vencido con el tequila?”. Le sonreí, le tomé la mano, y le dije: “Solo con la compañía correcta, chava”.

Él se llamaba Alex. Llegó media hora después, con el camisón de franela desabrochado hasta el ombligo, los pantalones de mezclilla apretados en las caderas y una sonrisa que decía *ya me cagué de ganas de chingar*. Camila me miró de reojo y me susurró: “¿Él es tu novio?”. Le respondí: “No. Él es mi mejor amigo. Y tú… tú acabas de volverse más caliente de lo que esperaba”.

La noche se fue en risas, en tequila doble, en besos que empezaron tímidos y terminaron con lenguas luchando por el control. Camila me besó la nuca, me mordió la oreja, me dijo “chinga, Marco, que ya me tienes dura”. Y Alex… Alex me tenía una mano en la rodilla, la otra en la cadera, presionando con firmeza, como queriendo meterme la verga entre los muslos ahí mismo, en medio de la barra.

Nos fuimos a su depto. Una casa pequeña, con paredes de color crema y un colchón en el suelo. Camila se quitó la blusa primero, con lentitud, dejando al descubierto los pezones duros y los pechos pequeños pero firmes. Yo ya tenía la verga en el pantalón, apretada, sudando contra la tela. Alex se acercó, me desabrochó la camisa, me quitó los zapatos con los ojos fijos en los míos. Me besó en el cuello, me lamía la nuez, me susurró: “Te voy a chingar bien duro,Marco. Lo necesitas”.

Camila se acostó primero. Me pidió que la tomara de piernas, que le subiera la falda. Le bajé la ropa interior, le separé los labios con los dedos y le metí la lengua hasta que gimió como una perra en celo. “Sí, sí, así, Marco, que me lames como si no hubiera mañana”. Yo la estaba cogiendo con la boca, la lengua metida hasta el fondo, chupándole el clítoris hasta que se le encendió la cara.

Alex se quitó los pantalones, se deslizó el calcetín y se puso de pie frente a mí. Ya tenía la verga dura, gruesa, la punta húmeda, la piel tersa. Le dije: “Bájate, Alex. Quiero verte entrarla”. Él se acostó, me tomó la cabeza y me metió la verga en la boca. La saliva me corrió por el mentón, yo la chupaba, la lamía, la rotaba con la lengua hasta que se le cerraron los ojos y jadeó: “¡Chingado, Marco, que ya no aguanto!”.

Camila se volteó, me miró con los ojos vidriosos y me dijo: “Ven aquí, cariño. Quiero sentirte dentro de mí mientras él te chupa”. Le abrí las piernas, le empujé la verga, se metió dos dedos en la vagina antes de que yo entrara, y cuando la punta rozó su entrance, me pegó un tirón de la cintura y me la cogió entera. Gritó, “¡Ay, dios mío!”, y yo le empecé a dar con fuerza, las nalgas golpeando contra su culo, el sudor me caía en los ojos, la respiración cortada.

Alex se levantó, se puso detrás de Camila, le abrió las nalgas con las manos y metió los dedos en su ano, mientras yo le daba fuerte a Camila, que ya se estaba corriendo, quejándose, “¡Marco, me voy, me voy, que ya no aguanto!”. Él me puso la mano en la cabeza, me obligó a volver a chuparle la verga, y cuando Camila gritó su orgasmo, Alex me empujó la cabeza contra su entrepierna y se corrió en mi boca, con un gemido gutural que sonó como un gruñido de bestia.

Me volví a poner de pie, le dije a Camila: “Levántate”. Le di la vuelta, le tomé la lengua con los dedos, le metí la verga dura en la boca y le dije: “Chupamela bien, chava. Quiero sentirte hasta en la médula”. Y cuando ella me la chupaba, yo le metí dos dedos a Alex por el culo, lo sentí tensearse, después otro, y después ya le entré con la verga. Me agarre de sus caderas, le dije “¿Aguantas todo, Alex?”, y él me respondió con una sonrisa perversa: “Chinga, Marco, ya no me detengas”.

Lo cogí lento, con la boca de Camila aún en mi polla, con la mano de Alex en mi nalgas, con el olor a sudor, a alcohol, a sexo crudo. Mecorrí dentro de él, con un gemido que me salió del fondo de la tripa, y Camila me lamió el pene hasta que se secó el semen. Alex se quedó acostado, con la mirada perdida, y

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